domingo, 5 de julio de 2026

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

El poder del no

El poder del “no” es un don que cuesta caro aprender, pero que cuando al fin se domina, libera. No hemos venido a este mundo a ser los bufones de la aprobación ajena, ni a hipotecar nuestra tranquilidad para complacer a todos. Quien vive de rodillas frente al aplauso de los demás termina perdiendo su propia voz, y lo peor: ni siquiera logra contentar a nadie del todo.

Decir “no” es recordarse a uno mismo que la vida no es infinita, que ya gastamos demasiadas estaciones intentando ser lo que otros esperaban. Y cuando uno ya tiene más pasado que futuro, el tiempo se convierte en un recurso sagrado, no negociable. Entonces el “no” deja de ser rebeldía y se vuelve un acto de amor propio, una frontera invisible que protege lo que queda de nuestros días.

El “sí” complaciente es una cárcel de barrotes blandos; el “no”, en cambio, abre ventanas. Y aunque duela ver cómo algunos se alejan cuando uno deja de decir que sí a todo, lo cierto es que ese vacío suele llenarse de aire fresco, de silencio necesario, de vida propia.

Al final, aprender a decir “no” es la única manera de decirle un sí a lo que de verdad importa.
Porque el “no” no es rechazo al mundo: es la manera más honesta de decirle que todavía seguimos vivos, que no nos rendimos, y que aún queremos elegir a qué amanecer asomarnos...

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