Soy la H. Si prestas atención, me encontrarás al inicio de esta Historia: un umbral que cruzas sin oír el crujido de la puerta.
Durante siglos he habitado el exilio del aire. Mis hermanas presumen su pirotecnia: la B explota, la G ruge, la V vibra como un insecto atrapado. Yo, en cambio, soy el espectro del alfabeto; camino sobre el papel sin quebrar la nieve del silencio.
Recuerdo cuando era piedra y carraspera. En aquel entonces, no era este puente entre dos columnas, sino un jadeo valiente. Pero el lenguaje se volvió líquido y mi voz empezó a estorbar. Me pidieron que bajara el volumen hasta que, simplemente, me volví invisible.
Los gramáticos, amantes del ahorro, quisieron podarme. Pero resistí. Me aferré a los Huesos. Entendí que mi misión no era el estrépito, sino la memoria. Me planté en el Hambre para tallar su vacío; me colé en el ahogo para dictar la pausa necesaria para apagar el grito.Sigo aquí. Presente. Como un suspiro que sostiene el mundo.
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