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domingo, 7 de enero de 2024
POESÍA EN PROSA de MANUEL VINCENT*
El tiempo no existe. El tiempo sólo son las cosas que te pasan, por eso pasa tan deprisa cuando a uno ya no le pasa nada.
Después de Reyes, un día notarás que la luz dorada de la tarde se demora en la pared de enfrente y apenas te des cuenta, será primavera.
Ajenos a tí, en algunos valles, florecerán los cerezos y en la ciudad habrá otros maniquíes en los escaparates.
Ajenos a tí, en algunos valles, florecerán los cerezos y en la ciudad habrá otros maniquíes en los escaparates.
Una mañana radiante camino del trabajo, puede que sientas una pulsión en la sangre cuando te cruces en la acera con un cuerpo juvenil que estalla por las costuras, y un atardecer con olor a paja quemada oirás que canta el cuclillo y a las fruterías habrán llegado las cerezas, las fresas o los melocotones, y sin saber por qué, ya será verano.
De pronto, te sorprenderás a tí mismo, rodeado de niños cargando la sombrilla, el flotador y las sillas plegables en el coche para cumplir con el rito de olvidarte de tu jefe y de los compañeros de la oficina, pero el gran atasco de regreso a la ciudad será la señal de que las vacaciones han terminado, y de la playa te llevarás el recuerdo de un sol que no podrás distinguir del sol del año pasado.
El bronceado permanecerá un mes en tu piel y una tarde descubrirás que en la pared de enfrente oscurece antes de hora.
Enseguida volverán los anuncios de turrones, sonará el primer villancico y será otra vez Navidad.
Enseguida volverán los anuncios de turrones, sonará el primer villancico y será otra vez Navidad.
La monotonía hace que los días resbalen sobre la vida a una velocidad increíble sin dejar una huella.
Los inviernos de la niñez, los veranos de la adolescencia eran largos e intensos porque cada día había sensaciones nuevas y con ellas te abrías camino en la vida cuesta arriba contra el tiempo.
Los inviernos de la niñez, los veranos de la adolescencia eran largos e intensos porque cada día había sensaciones nuevas y con ellas te abrías camino en la vida cuesta arriba contra el tiempo.
En forma de miedo o de aventura estrenabas el mundo cada mañana al despertarte.
No existe otro remedio conocido para que la vida discurra muy despacio sin resbalar sobre la memoria que vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria.
Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina.
Que te pasen cosas distintas, como cuando eras niño.
*Novelista y ensayista español. Este artículo fue publicado en el año 1997 en el diario El País de España. Tomado de la página Fb HistoriaxRedes
Que te pasen cosas distintas, como cuando eras niño.
*Novelista y ensayista español. Este artículo fue publicado en el año 1997 en el diario El País de España. Tomado de la página Fb HistoriaxRedes
CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez
¡Lo escribí, lo creo, lo debo recordar!
Definitivamente nadie te hace sentir mal, está en cada quien la importancia que le dé o el como te afecte lo que las personas hagan o dejen de hacer. Esperar demasiado o en la medida que tu das a cada cosa, hace que la gente con frecuencia quede por debajo de las expectativas y con ello resultes lastimado.
Tenemos además cada quien una escala sentimental tan diferente, que no es posible estandarizar, y en la medida que logra uno entender en que hay que aceptar y agradecer lo que cada quien nos quiera dar de su tiempo, de su amistad, de su afecto sin que le fijemos cuotas según nuestra necesidad o de acuerdo a lo que nosotros estaríamos dispuestos a dar. En esa medida podremos lograr reducir esos conflictos internos que nos carcomen el alma, que nos hacen sentir menospreciados, defraudados de acuerdo a esa escala que nosotros hacemos de las actitudes de los demás.
¿Qué es lo justo o lo injusto? Depende del juicio que tengamos sobre nuestras propias acciones y de cómo nos consideramos ante los demás. A veces sentimos que merecemos demasiado como para aquello que recibimos, que nosotros sí somos capaces de hacer hasta lo imposible para agradar a alguien y que a cambio obtenemos tan poco, nos sentimos miserables.
La vida me ha enseñado que los reclamos solo generan fricciones. A nadie le gusta sentir que se le señala como injusto y que la mayoría de las veces el reclamo como si fuera un boomerang se nos devuelve, resultando entonces doblemente lastimados.
También he aprendido con el tiempo que he estado en ambas posiciones de esta situación, así, he sido a veces la causante del dolor de otros que seguramente esperaban más de mí y a los cuales, lo digo sinceramente, involuntariamente no he sabido corresponder, y si puedo perdonarme y justificarme por ello, debo ser capaz de hacerlo con aquellos que a mi parecer han sido ingratos, no han sabido valorarme, o no son capaces de compartir mis pasiones o mis aflicciones
Humanos somos y en el camino andamos, Dar sin esperar recibir, es una buena frase, pero poco aplicable, todos esperamos algo de alguien, en ello estriba buena parte de nuestra felicidad, en los afectos que los demás nos proveen.
Definitivamente nadie te hace sentir mal, está en cada quien la importancia que le dé o el como te afecte lo que las personas hagan o dejen de hacer. Esperar demasiado o en la medida que tu das a cada cosa, hace que la gente con frecuencia quede por debajo de las expectativas y con ello resultes lastimado.
Tenemos además cada quien una escala sentimental tan diferente, que no es posible estandarizar, y en la medida que logra uno entender en que hay que aceptar y agradecer lo que cada quien nos quiera dar de su tiempo, de su amistad, de su afecto sin que le fijemos cuotas según nuestra necesidad o de acuerdo a lo que nosotros estaríamos dispuestos a dar. En esa medida podremos lograr reducir esos conflictos internos que nos carcomen el alma, que nos hacen sentir menospreciados, defraudados de acuerdo a esa escala que nosotros hacemos de las actitudes de los demás.
¿Qué es lo justo o lo injusto? Depende del juicio que tengamos sobre nuestras propias acciones y de cómo nos consideramos ante los demás. A veces sentimos que merecemos demasiado como para aquello que recibimos, que nosotros sí somos capaces de hacer hasta lo imposible para agradar a alguien y que a cambio obtenemos tan poco, nos sentimos miserables.
La vida me ha enseñado que los reclamos solo generan fricciones. A nadie le gusta sentir que se le señala como injusto y que la mayoría de las veces el reclamo como si fuera un boomerang se nos devuelve, resultando entonces doblemente lastimados.
También he aprendido con el tiempo que he estado en ambas posiciones de esta situación, así, he sido a veces la causante del dolor de otros que seguramente esperaban más de mí y a los cuales, lo digo sinceramente, involuntariamente no he sabido corresponder, y si puedo perdonarme y justificarme por ello, debo ser capaz de hacerlo con aquellos que a mi parecer han sido ingratos, no han sabido valorarme, o no son capaces de compartir mis pasiones o mis aflicciones
Humanos somos y en el camino andamos, Dar sin esperar recibir, es una buena frase, pero poco aplicable, todos esperamos algo de alguien, en ello estriba buena parte de nuestra felicidad, en los afectos que los demás nos proveen.
Agradecer lo que de cada quien obtengamos, según su capacidad, su sensibilidad, no de acuerdo a nuestras expectativas o deseos. No esperar nada a cambio, quizá no suene tan real, pero no esperar demasiado, quizá la vida te haya dado más de lo que merecías y por ello a veces algo te tiene que negar.
Tener mejor memoria al recibir que al dar es quizá una buena fórmula para vivir en paz.
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