Hoy nos visita por primera vez Fabián García, joven nigropetense, promotor cultural, fundador del grupo Pupila, A.C. Lo hace con una reflexión acerca de la indiferencia que mostramos unos para con otros. Esperemos que este sea el primero de muchos artículos de su autoría en nuestro espacio. ¡Bienvenido!
La pandemia de la indiferencia
A veces parece que nunca salimos de una pandemia, solo que ahora es una pandemia social y humana. Vivimos con menos empatía, menos respeto y menos disposición para comprender a los demás. Todo ocurre con prisa; queremos respuestas inmediatas y resultados instantáneos. Con frecuencia vemos indiferencia hacia el prójimo, actos que perjudican a otros sin considerar las consecuencias.
También enfrentamos una crisis marcada por la corrupción, la violencia, los abusos, la desigualdad y la falta de justicia. Observamos cómo se deterioran valores fundamentales para la convivencia y cómo muchas personas pierden la confianza en las instituciones. Al mismo tiempo, seguimos dañando nuestro entorno: los campos, los bosques, los ríos, la fauna y los espacios que sostienen nuestra vida.
Resulta preocupante ver cómo, en muchos casos, quienes tienen poder político permiten o facilitan decisiones que benefician a unos cuantos mientras el costo ambiental y social recae sobre la mayoría. Con frecuencia, grandes intereses económicos avanzan sin asumir plenamente las consecuencias de sus actos, dejando a su paso comunidades afectadas y ecosistemas deteriorados.
También existe una contradicción difícil de ignorar: algunas de las naciones que proyectan una imagen de respeto al medio ambiente y de cumplimiento de la ley mantienen modelos de consumo e industrias que contribuyen significativamente al deterioro de otras regiones del mundo. Las consecuencias terminan llegando a todos, afectando nuestra casa, nuestras ciudades, nuestros países e incluso nuestra manera de pensar y relacionarnos.
Ante todo esto surge una pregunta inevitable: ¿qué hacemos? ¿Qué se puede hacer? Quizá el cambio no comience en los grandes discursos ni en las promesas de quienes gobiernan, sino en nuestras acciones cotidianas. Recuperar la empatía, respetar a los demás, cuidar nuestro entorno, exigir transparencia y educar con valores puede parecer poco frente a problemas tan grandes, pero toda transformación colectiva empieza con decisiones individuales.
La pregunta no es solamente qué está haciendo el mundo, sino qué estamos dispuestos a hacer cada uno de nosotros para no seguir alimentando aquello que nos está destruyendo.
Ya párenle a su pedo.

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