Hace más de dos mil años, el poeta romano Horacio escribió carpe diem, una expresión que solemos traducir como “aprovecha el día”. Pero quizá su sentido sea todavía más hermoso: cosecha el día, toma de él lo que hoy puede darte, porque mañana sigue siendo apenas una promesa.
Y aunque hayan pasado siglos, seguimos necesitando que alguien nos lo recuerde.
Vivimos corriendo detrás del mañana: esperando las vacaciones, el momento perfecto, tener más tiempo, menos problemas, unos kilos menos o un poco más de dinero… mientras la vida, silenciosa y testaruda, continúa pasando frente a nosotros.
Carpe diem no significa vivir sin pensar en las consecuencias ni lanzarnos al vacío. Significa estar presentes. Tomarnos ese café sin mirar el reloj, contemplar un amanecer como si fuera el primero, decir “te quiero” mientras todavía podemos hacerlo, abrazar sin prisas y agradecer incluso esos pequeños instantes que parecen insignificantes… hasta que un día los extrañamos.
Porque al final quizá la vida no se mida por los años que acumulamos, sino por aquellos momentos en los que realmente estuvimos vivos.
El ayer ya cerró su puerta.
El mañana todavía no tiene llave.
Pero hoy está aquí.
Así que camina, ama, ríe, contempla, equivócate y vuelve a intentarlo.
Carpe diem… cosecha este día.
Puede que entre sus pequeñas horas esté escondido uno de los mejores momentos de tu vida...
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