domingo, 23 de agosto de 2026

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

El tiempo es una moneda

Hay regalos que se guardan en una gaveta, otros terminan olvidados en algún rincón y algunos, con los años, pierden hasta el significado.

Pero hay uno que jamás podremos recuperar después de entregarlo: nuestro tiempo.

Porque cuando le regalás una hora a alguien, no le estás dando sesenta minutos. Le estás entregando un pedazo irrepetible de tu vida. Una página que arrancaste de tu propio calendario sabiendo que nunca podrás volver a pegarla.

El tiempo es una moneda extraña: todos despertamos cada mañana con unas cuantas horas en los bolsillos, pero nadie sabe cuántas le quedan en el banco.

Por eso sentarse a tomar un café sin mirar el teléfono, escuchar una historia que quizá ya conocemos, caminar junto a alguien sin tener prisa o simplemente acompañar en silencio puede valer mucho más que cualquier cosa envuelta en papel brillante.

Al final, la vida no se mide solamente por los años que vivimos, sino por con quién decidimos gastarlos.

Así que cuando alguien te regale su tiempo, cuidalo.

Porque no te dio lo que le sobraba.

Te dio un pedazo de su vida que jamás volverá a tener...

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