domingo, 8 de mayo de 2011

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza


 EL RESPLANDOR
Hace unos días, mientras llevaba un recuento mental de los jóvenes desaparecidos en mi entorno inmediato a  causa del crimen organizado y su fallido combate, caí en cuenta que México se está convirtiendo en país de los niños perdidos,  evocando al escritor británico J.M. Barrie, autor de la obra Peter Pan. En este caso no es la fantasía de una noche  en la cual los niños viajan a emprender grandes aventuras al lado de un joven adulto que se niega a crecer; aquí es la pesadilla de niños y jóvenes que de un día para otro simplemente desaparecen, dejando atrás padres, hermanos, amigos; desolación y un dolor vasto como el océano.  Desaparecen mientras van a la tienda; mientras juegan con los vecinos; mientras se apean del camión foráneo de regreso a la universidad; mientras viajan a otra ciudad para pasar el fin de semana…
   Javier Sicilia, luego del trágico asesinato de su hijo Juanelo, ha dejado de lado la poesía y orienta sus afanes hacia el logro de la paz en nuestro país.   Hoy domingo arribará a la ciudad de México la marcha que emprendió desde el pasado día 5 partiendo de Cuernavaca, denominada “Marcha por la paz con justicia y dignidad”,  a la que se han ido integrando luchadores sociales, intelectuales, estudiantes,  representantes populares y ciudadanos  propuestos a exigir a Calderón un cambio en la estrategia frente al crimen organizado.   De manera paralela al discurso  presidencial con motivo de la conmemoración de la Batalla de Puebla, Sicilia  hizo lo propio, conminando al presidente a revisar su estrategia  con las siguientes palabras: “La soberanía radica en el pueblo, no en el estado”.   Comienza a cumplirse el vaticinio contenido en la poesía del propio poeta: “La mañana ha incendiado los prados// en la fuente de tu ojo// las llamas resplandecen…”
   Tradicionalmente  constituimos un país sumiso, resignado a su suerte… que si acaso repela un poco, pero nada más.  Pagamos impuestos, nos tronamos los dedos; hacemos malabares  quincenales, e imploramos favores  a San Judas Tadeo cada día 28.  Somos un pueblo que acoge con gracia las desviaciones de la autoridad como  un mal necesario, hechos a la idea de  que el que  llega al poder va a saquear al pueblo, pero en el fondo esperamos, o confiamos, o pedimos al cielo, que no nos vacíen las arcas.  Frente al ejecutivo nos comportamos como frente al Tlatoani, dispuestos a someternos con mansedumbre  a sus particulares designios, mismos que en este caso están matando a nuestros niños. 
   O sea, hemos sido un pueblo que no ha  sabido hacer valer los derechos que le son inherentes por naturaleza, y que ahora enfrenta las consecuencias de su pasividad.  Todavía así, en esta vorágine progresiva de complicidad y corrupciones de los últimos veinte años, cada  vez que hay elecciones vamos, votamos, y nos encomendamos al cielo pidiendo que  nos conceda un milagro para los siguientes cuatro o seis años. 
   Nuestro actuar sugiere que no  sentimos merecernos algo mejor; que estamos dispuestos a seguir  sometidos, ahora por el crimen organizado por un lado, y por la autoridad desencaminada por el otro.   Javier Sicilia increpa al ejecutivo, pero al mismo tiempo su actitud nos cuestiona a todos los mexicanos, acerca de si éste es el México que soñamos para nuestros hijos.   Como diría Sicilia en el que ha  manifestado que sería  su último poema: “El mundo ya no es digno de la palabra//nos la ahogaron adentro…”
   Ante este resplandor que ahora se enciende en  los ojos de todos los mexicanos, es tiempo para derogar las palabras huecas.  Basta ya de promesas de campaña que no quedan más que en eso, en palabras que se lleva el viento.  Basta ya de dolorosos gastos  suntuarios cada vez que hay elecciones.  Basta ya de que el funcionario público utilice su plataforma política para beneficio personal,  en lugar de orientarlo hacia el bienestar social.   Basta ya de burdas incongruencias entre el dicho y el hecho.
   ¿Qué podemos hacer desde nuestro sitio?... Unirnos como fuerza pública; hacer frente común.  Exigir que se someta a una revisión seria la estrategia de combatir la violencia con violencia, que a todas luces no está funcionando.  No es posible que el empecinamiento de un individuo se imponga por encima de la voluntad de ciento veinte millones.
  Al mismo tiempo nos corresponde evitar la colusión; la  complicidad, los favores ilícitos.  Cumplir con lo que nos toca cumplir, sin excepción.   Llamar a las cosas por su nombre, y enseñar a nuestros hijos el valor último de la verdad y la justicia.
  En Argentina la lucha pacífica de las madres de la Plaza de Mayo hizo  la diferencia. Sea   el resplandor al que hoy llama Sicilia el  disparador ciudadano  para el logro de  la  urgente paz social que México necesita.

COSAS NUESTRAS de Jorge Villegas

A tiempo
Llegué a la casa con un juego de jarra y vasos decorados.
Pero doña Guadalupe no pegó saltos de júbilo, como yo esperaba.
Mira, me explicó, hoy no es Día del Hogar, sino de la Madre.
Regálame algo para mí, no para la mesa; así sea un broche para el pelo.
Gordolfo Gelatino, el personaje de los Polivoces, cometía el mismo error.
Nada sutil y convenenciero, a la madre le regalaba una plancha.
Se lo decimos a tiempo, porque el martes es Día dre las Madres.
Tiempo de agasajarlas, no de regalarles grilletes domésticos.

POESÍA de Gabriela Mistral (Chile)

MADRE MIA

I
    Mi madre era pequeñita
como la menta o la hierba;
apenas echaba sombra
sobre las cosas, apenas,
y la Tierra la quería
por sentírsela ligera
y porque le sonreía
en la dicha y en la pena.
    Los niños se la querían,
los viejos y la hierba;
la luz que ama la gracia,
la busca y la corteja.
    A causa de ella será
este amar lo que no se alza,
lo que sin rumor camina
y silenciosamente habla:
las hierbas aparragadas
y el espíritu del agua.
    ¿A quién se lo estoy contando
desde la Tierra extranjera?
A las mañanas la digo
para que se le parezcan:
y en mi ruta interminable
voy contándola a la Tierra.
    Y cuando es que viene y llega
una voz que lejos canta,
perdidamente la sigo,
y camino sin hallarla.
    ¿Por qué la llevaron tan
lejos que no se la alcanza?
¿Y si me acudía siempre
por qué no responde y baja?
    ¿Quién lleva su forma ahora
para salir a encontrarla?
Tan lejos camina ella que
su aguda voz no me alcanza.
Mis días los apresuro
como quien oye llamada.

II
    Esta noche que está llena
de ti, sólo a ti entregada,
aunque estés sin tiempo tómala,
siéntela, óyela, alcánzala.
Del día que acaba queda
nada más que espera y ansia.
    Algo viene de muy lejos,
algo acude, algo adelanta;
sin forma ni rumor viene
pero de llegar no acaba.
¿Y aunque viene así de recta
por qué camina y no alcanza?

III
    Eres tú la que camina,
en lo leve y en lo cauta.
Llega, llega, llega al fin,
la mas fiel y más amada.
¿Qué te falta donde moras?
¿Es tu río, es tu montaña?
¿O soy yo misma la que
sin entender se retarda?
    No me retiene la Tierra
ni el Mar que como tú canta;
no me sujetan auroras
ni crepúsculos que fallan.
    Estoy sola con la Noche,
la Osa Mayor, la Balanza,
por creer que en esta paz
puede viajar tu palabra
y romperla mi respiro
y mi grito ahuyentarla.
    Vienes, madre, vienes, llegas,
también así, no llamada.
Acepta el volver a ver
y oír la noche olvidada
en la cual quedamos huérfanos
y sin rumbo y sin mirada.
    Padece pedrusco, escarcha,
y espumas alborotadas.
Por amor a tu hija acepta
oír búho y marejada,
pero no hagas el retorno
sin llevarme a tu morada.

IV
    Así, allega, dame el rostro,
y una palabra siseada.
Y si no me llevas, dura
en esta noche. No partas,
que aunque tú no me respondas
todo esta noche es palabra:
rostro, siseo, silencio
y el hervir la Vía Láctea.
    Así... Así... más todavía.
Dura, que no ha amanecido.
Tampoco es noche cerrada.
Es adelgazarse el tiempo
y ser las dos igualadas
y volverse la quietud
tránsito lento a la Patria.

V
    Será esto, madre, di,
la Eternidad arribada,
el acabarse los días
y ser el siglo nonada,
y entre un vivir y un morir
no desear, de lo asombradas.
¿A qué más si nos tenemos
ni tardías ni mudadas?
    ¿Cómo esto fue, cómo vino,
cómo es que dura y no pasa?
No lo quiero demandar;
voy entendiendo, azorada,
con lloro y con balbuceo
y se rinden las palabras
que me diste y que me dieron
en una sola y ferviente:
-"¡Gracias, gracias, gracias, gracias!"

DENISE DE KALAFE: Señora, señora

LUIS DONALDO COLOSIO RIOJAS: De su columna "Ancora Imparo"

EL LLANTO DE UN MEXICANO

Abril 26, 2011

Me preocupa. Me preocupa que veo a un país olvidado por sus líderes, quienes se concentran en sacar adelante sus carreras y a sus partidos antes que a su gente.

Me preocupa ver un abismo de desigualdad y diferencia, permeado todo por la infame indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de honrar la confianza de esa gente.

Me preocupa ver que en el Congreso imperan el caos y la desunión, que los ‘triunfos’ de mis diputados sean ver quién difama más al otro o quién silencia con más fuerza. Que exista un aura de trabajos inconclusos y que los pocos que se dedican al trabajo son sopesados por quienes se dedican al ultraje. Me preocupa ver más respeto en las tribunas de un clásico de futbol mexicano que en los escaños y curules legislativos.

Funcionarios públicos ausentes o sumisos y fuerzas policiales abandonadas o corrompidas es el maltrato que nos dejan nuestros gobernantes. Benditas aspiraciones de nuestros jóvenes con tanta materia prima corroída. No es sorpresa que ‘ni estudien, ni trabajen’ si el sistema educativo es cada vez menos adecuado y continúa decayendo gracias a quienes se supone deberían levantarlo. El empleo y las oportunidades son virtualmente inexistentes y nuestra economía es tratada con la lujuria de unos cuantos.

Me preocupa mi tierra, sangrando a borbollones, con sangre nacional y extranjera, de quienes depositaron su confianza en unos cuantos. Me preocupa que ‘esos cuantos’ tampoco sean eficaces porque ‘algunos muchos’ se empeñan en que fallen con tal de alzarse el cuello y alardear un ‘se los dije’.

La desigualdad de ideas nunca ha sido crimen, pero el callarlas y asesinarlas es nuestro nuevo movimiento nacional.

Miles de millones de pesos, de nuestro dinero, de nuestros impuestos, se reparten a ‘unos cuantos’ para hacer bien ‘muchos nadas’, mientras tanto nuestros niños tienen hambre, tienen sed y tienen miedo. Miedo, no de una inseguridad que crece sin medida, sino de lo que seguramente terminarán siendo: seres olvidados y marginados por su patria y a quienes luego se les reclame de ‘holgazanes’. Se les castigará por ineficientes y por no saber aprovechar las infinitas oportunidades inexistentes que tuvieron. Nuestros niños, ¿pero qué demonios les hicimos?

Me preocupan todos y cada uno de los miembros de mi familia, más de 112 millones de ellos, que miran al futuro sin un rumbo certero, ese rumbo que nuestros predecesores se negaron rotundamente a asegurar y que ahora miran con desconcierto alegando que ‘no es su culpa’. Y la pelea continúa; y las divisiones incrementan; y las diferencias se exaltan; y nuestros niños, mientras tanto, sufren.

¿Pero qué te pasa, México? ¿En qué momento se volvió rutina suicidarte?

Me preocupa mi gente, que prefiere esconderse frente a una pantalla de televisión que detrás de un libro, o mejor aún, de un oficio. Me preocupa que la política de desarrollo colectivo nacional en estos momentos pareciera que se llama 'resignación', pareciera que se llama 'derrota'.

Me niego rotunda y enfáticamente a quedarme dormido, a darme por vencido. Así me tachen de por vida de demente o inadaptado. Qué ilusos somos todos al pensar que México necesita héroes, si lo único que le hace falta es la atención de sus ciudadanos, o mejor quizá, unos cuantos más de estos.

Este es el movimiento de la tercera insurrección mexicana, cuyo campo de batalla se libra en nuestros propios corazones, donde las únicas armas que encontremos y utilicemos deberán ser la paz, el trabajo y la Patria: suficientes muertes ha soportado lo sagrado de este suelo, y la tierra que se tiñe de rojo con la sangre de mi sangre es testigo de mi entrega. La batalla se gana en el corazón de nuestra gente, al denunciar nuestras propias faltas al país... y a nuestra estampa.

El autor es fundador del despacho Basave, Colosio, Sánchez Abogados, y catedrático de la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Twitter: @colosioriojas

ENYA: La naturaleza

¡Cuántas veces la abundancia cierra nuestros sentidos, y dejamos de percibir tanta maravilla que nos rodea! Llega entonces la crisis, y tras de ella un despertar nuevo y fresco que hace que el mundo se nos presente del modo más extraordinario.

HOMENAJE A LAS MAMÁS: Voz de Mariano Osorio