domingo, 18 de diciembre de 2011

COSAS NUESTRAS por Jorge Villegas

Cobijas
Es un ministerio de misericordia al alcance de casi todos.
Comprar y entregar una cobija a una familia necesitada.
Librarse del frío es la comodidad que más se agradece.
Sobre todo en casa precarista, de láminas y blocks sin revestir.
Claro que la primera ocurrencia es regalar una despensa que ya viene empaquetada.
Pero revise una y verá que son muestras de productos, apenas una probada.
Se consumen en un día y el hambre vuelve con puntualidad cotidiana.
La cobija es para todo el invierno.  Y si puede regalar una, pues regale dos.
jvillega@rocketmail.com

CHRISTMAS BELLS

ARTÍCULO DE LA REVISTA PROCESO: Escribe José Gil Olmos

Este artículo se lo dedico a la memoria de Nepomuceno Moreno –don Nepo, como le decían en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad–, que fue asesinado el pasado 28 de noviembre y criminalizado por el gobierno de Sonora, no obstante que su único delito fue buscar a su hijo Mario, desaparecido en julio del año pasado.
También a las mujeres de este movimiento, quienes se han convertido en el eje de las acciones y en el bastión de lucha por la justicia y la presentación de sus seres queridos que han muerto o se encuentran desaparecidos, víctimas de la guerra contra las drogas.
Quiero retomar el título de uno de los libros del historiador y escritor británico Tony Judt para hablar de lo que está pasando en México en los últimos años. “Algo va mal”, dice el pensador inglés para describir la crisis de Estado en Norteamérica e Inglaterra, pero que bien se puede aplicar en muchos de países.
En el caso de nuestro país bien podríamos decir que “algo va mal” cuando comenzamos a tomar como “normal” que todos los días se informe del número de muertos ocurridos, como si fuera el reporte del tiempo; cuando deja de conmovernos la tragedia que miles de familias viven porque están desaparecidos sus esposos, hijas e hijos, primos, nietos o algún familiar que salió de casa y ya no regreso; también, cuando vemos que se gasta más en armas que en salud o educación; que los jóvenes ven en el narcotráfico una vía aspiracional o que siguen en el olvido indígenas y campesinos que ven en el cultivo de drogas una forma de supervivencia.
Sí, “algo va mal” cuando hacemos de la violencia y la muerte una normalización que también aqueja al medio periodístico. ¿Cuántas veces no nos hemos sorprendido a nosotros mismos hablar del pozolero en tono de broma; de los migrantes esclavizados como una situación normal; de la corrupción y de la impunidad como algo inevitable; de fosas clandestinas con cientos de cuerpos sin identificar, de descuartizados y decapitados sin rubor?
“Algo va mal” si ya no nos sorprende que estén asesinando a periodistas, defensores de derechos humanos, activistas sociales o que desaparezcan sin que las autoridades hagan algo.
Sí, “algo va mal” si de nuestra memoria borramos el registro de que desde hace casi siglo no había habido tanto muertos, desparecidos, desplazados, heridos, viudas, huérfanos y discapacitados en un periodo tan corto, como en los últimos cinco años.
El pasado 25 de septiembre realicé un trabajo dedicado a las mujeres que integran el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, lo pensé como un homenaje a estas mujeres de todas las edades y clases sociales que con su lucha nos dan una lección de vida; porque del dolor han sacado la fuerza para transformarlo, para sublimarlo en ímpetu y esperanza.
Este trabajo recibió el tercer lugar del Premio Alemán de Periodismo, mientras que otro par de trabajos de Marcela Turati y uno más de Thelma Gómez, tuvieron el primero y segundo lugar respectivamente. Los tres trabajos, coincidentemente hablan de la importancia del trabajo y la presencia de las mujeres en estos momentos de crisis del país. Y es que las mujeres se han convertido en el eje central de la lucha de miles de familias que buscan justicia para sus muertos y que demandan de las autoridades eficiencia para encontrar a sus desaparecidos. También hay hombres, pero son menos, quizá porque las mujeres sienten desde el vientre, desde su carne, la ausencia de sus hijos o de sus esposos.
La voz desgarrada de estas mujeres es la llamada de alerta contra la normalización de la violencia y de la muerte en la que nos hemos metido todos sin excepción. Su incansable lucha, su amor por la vida, su permanente presencia dando consuelo a quien se acerca nos llena de ilusión de que no todo está mal.
Son ellas las que están construyendo la esperanza desde su dolor (quizá por eso la Esperanza es nombre de mujer) y las que en medio de esta crisis nos muestran el camino.
Pero también son ellas quienes se están convirtiendo en blanco de ejecuciones y atentados como en el caso de Julia Marichal, actriz y promotora del movimiento de paz asesinada; o el de Norma Andrade, fundadora de la organización “Nuestras Hijas de Regreso a Casa”, que recibió cinco balazos.
Ante la “normalización” de la violencia, de las ejecuciones y desapariciones forzadas, este grupo de mujeres mexicanas ha levantado la voz rompiendo esa cortina oficial que, al final, sólo sirve al gobierno y los partidos políticos a resbalar su responsabilidad en vísperas de tiempos electorales.
Sea este artículo y los tres reportajes que ganaron el Premio Alemán de Periodismo un homenaje y una llamada de atención para proteger a estas mujeres que de su casa han salido a la calle para convertirse en guerreras para encontrar la paz.

La Navidad de Mr. Bean

¡No podía faltar el buen humor en la temporada!

HISTORIA DE NAVIDAD: Daniel y el pordiosero

Eramos la única familia en el restaurante con un niño.
Yo senté a Daniel en una silla para niño y me di cuenta que todos estaban tranquilos comiendo y charlando.
De repente, Daniel pego un grito con ansia y dijo, "Hola amigo!"
Golpeando la mesa con sus gorditas manos.
Sus ojos estaban bien abiertos por la admiración y su boca mostraba la falta de dientes en su encía.
Con mucho regocijo el se reía y se retorcía. Yo mire alrededor y vi la razón de su regocijo.


Era un hombre andrajoso con un abrigo en su hombro; sucio, grasoso y roto.
Sus pantalones eran anchos y con el cierre abierto hasta la mitad y sus dedos se asomaban a través de lo que fueron unos zapatos. Su camisa estaba sucia y su cabello no había recibido una peinilla por largo tiempo. Sus patillas eran cortas y muy poquitas y su nariz tenia tantas venitas que parecía un mapa.


Estábamos un poco lejos de el para saber si olía, pero seguro que olía mal.
Sus manos comenzaron a menearse para saludar. "Hola bebito, como estás muchachón," le dijo el hombre a Daniel.


Mi esposa y yo nos miramos, "Que hacemos?" Daniel continuó riéndose y contestó, "Hola, hola amigo."


Todos en el restaurante nos miraron y luego miraron al pordiosero. El viejo sucio estaba incomodando a nuestro hermoso hijo.




Nos trajeron nuestra comida y el hombre comenzó a hablarle a nuestro hijo como un bebé.
Nadie creía que era simpático lo que el hombre estaba haciendo.
Obviamente él estaba algo borracho.
Mi esposa y yo estábamos avergonzados. Comimos en silencio; menos Daniel, que estaba super inquieto y mostrando todo su repertorio al pordiosero, quien le contestaba con sus niñadas.


Finalmente terminamos de comer y nos dirigimos hacia la puerta. Mi esposa fue a pagar la cuenta y le dije que nos encontraríamos en el estacionamiento. El viejo se encontraba muy cerca de la puerta de salida.


"Dios mío, ayúdame a salir de aquí antes de que este loco le hable a Daniel." Dije orando, mientras caminaba cercano al hombre.


Le di un poco la espalda tratando de salir sin respirar ni un poquito del aire que el pudiera estar respirando.


Mientras yo hacía esto, Daniel se volvió rápidamente en dirección hacia donde estaba el viejo y puso sus brazos en posición de; cárgame."
Antes de que yo se lo impidiera, Daniel se abalanzó desde mis brazos hacia los brazos del hombre. Daniel en un acto de total confianza, amor y sumisión recargó su cabeza sobre el hombro del pordiosero. El hombre cerró sus ojos y pude ver lágrimas corriendo por sus mejillas. Sus viejas y
maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro trabajo, suave, muy suavemente, acariciaban la espalda de Daniel. Nunca dos seres se habían amado tan profundamente en tan poco tiempo. Yo me detuve aterrado.
El viejo hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento, luego abrió sus ojos y me miró directamente a los míos.


Me dijo en voz fuerte y segura, "Usted, cuide a este niño." De alguna manera le contesté: "Así lo haré" con un inmenso nudo en mi garganta. El separó a Daniel de su pecho, lentamente, como si tuviera un dolor.


Recibí a mi niño, y el viejo hombre me dijo: "Dios le bendiga, señor.
Usted me ha dado un hermoso regalo."


No pude decir más que un entrecortado gracias. Con Daniel en mis brazos, caminé rápidamente hacia el carro. Mi esposa se preguntaba por qué estaba llorando y sosteniendo a Daniel tan apretadamente, y por qué yo estaba diciendo:
"Dios mío, Dios mío, perdóname." Yo acababa de presenciar el amor más puro a través de la inocencia de un pequeño niño que no vio pecado, que no hizo ningún juicio; un niño que vio un alma y unos padres que vieron un montón de ropa sucia. Yo fui un cristiano ciego, cargando un niño que no lo era.


Para todos los cristianos, les deseamos pasen unidos una hermosa Navidad, llena del más puro amor.


Autor Desconocido
Tomado de http://www.leonismoargentino.com.ar

VIDEO: COMERCIAL PANTENE: Niña violinista

¿Quién dice que los grandes sueños no han de cumplirse? La clave se llama: "Tenacidad"

VIDEO: SILENCIO DE AMOR. EL AMOR DE UN PADRE

Alrededor del mundo, en toda cultura, en cualquier idioma, el amor es un principio universal. Este video agridulce así nos lo recuerda en estas fechas eminentemente familiares.