domingo, 25 de marzo de 2012

JORGE FONT: La vida vista por un triunfador

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

LA MIRADA LATERAL
El estado actual de cosas nos deja sólo dos opciones: Dejarnos morir o reinventarnos.
   A una semana de terminado el II Congreso de Mujeres, sigo meditando lo aprendido, esta vez en la Mesa de Cronistas en la cual participaron Gabriela Wiener, Farid Zerán y Cecilia García Huidobro, bajo la coordinación de Laura Emilia Pacheco.   Al hablar sobre el ejercicio periodístico-literario que la crónica representa, lanzaron un concepto que me atrapó: La crónica es el relato de la mirada lateral, de todo aquello que está ocurriendo alrededor del hecho central sobre el cual tratarán los grandes titulares; es  una suerte de  voyeurismo, una   afortunada intromisión en asuntos ajenos,  que en lo personal  me produjo una imagen fortísima, escribir crónica es ir asomándose  a través de todas las ventanas que vamos encontrando en el camino.  Es una tarea que demanda ahijar identidades ajenas por un rato y  meterse muy dentro de sus circunstancias, para darles voz.
   Las ciencias enseñan el manejo con base en resultados. El periodista  se lanza por la nota mayor, en tanto que  desde su vena artística el cronista enriquece los acontecimientos, al colocarlos dentro de una dimensión humana y única.   Ortega y Gasset escribió: “Para quien lo pequeño no es nada, lo grande tampoco es grande.”, esto es, la vida finalmente  está dada por el conjunto de pequeños momentos.  Así entonces el dolor es un rosario de  minúsculos dolores como abalorios, y el placer un ramillete de instantes que  vuelven la vida una experiencia grandiosa.
   Los momentos  que pasamos por nuestra cuenta, sin compañía, solemos asumirlos como el tramo entre dos estaciones de tren subterráneo, con la mente puesta en la siguiente parada.    No hallamos mucho sentido a esos fragmentos de tiempo, cuando en realidad   es a través de ellos que  la vida nos   ofrece un  palco de primera para conocerla y disfrutarla.
   Los fenómenos sociales   de  la actualidad son únicos; en los más extremos  prevalece la palabra “insatisfacción”,  y la búsqueda incesante de   alguna emoción estimulante.  Sucede para el placer, que pronto pierde su efecto,   y lleva a procurar variantes  distintas que despierten una emoción mayor; lo hacemos una y otra vez,  con intensidad creciente, para llegar a la orilla de nuestras vidas y descubrir que nos sentimos igual o peor, que  una sensación de hastío se nos ha  incrustado  en la piel, y que no  podemos arrancarla sin traernos un pedazo de carne propia al hacerlo.
   Lo mismo aplica para la violencia asociada a la delincuencia,  la cual adopta un cariz progresivamente más infrahumano; los actos violentos vienen cargados de una furia  cada vez más honda, cuyo origen es difícil de entender, aunque desde esta misma óptica  el avance hacia formas de violencia más y más terribles, obedece también a  esa necesidad adictiva  de adrenalina pura.   Los resultados están allí,   una estela desgarradora  de dolor y muerte, que nos coloca como sociedad en un estado de permanente zozobra al que no  estamos dispuestos a acostumbrarnos.   Frente a esos grandes males demandamos grandes remedios, y mientras las cosas cambian, o el tiempo pasa, o ambas cosas suceden,  nos hallamos paralizados,  encapsulados  dentro de una coraza de temor,   sin permitirnos salir a dar un vistazo en derredor, para entender que la vida sigue.
   Finalmente a lo que quería llegar, esta misma regla aplica para  la sensación de felicidad.  En la medida en que  abramos los ojos al  mundo que nos rodea y comencemos a contagiarnos del disfrute de los pequeños placeres, nuestra existencia tendrá opción de salir adelante.  No pongamos el corazón más allá de lo que nuestros sentidos alcanzan en este justo momento, y  concedamos a la vida  la oportunidad de enseñarnos a  gozar al máximo con lo pequeño: El olor al cilantro recién cortado en la cocina de casa; el brillo en los ojos de un  hombre mayor que va a la tienda  dispuesto a regalarse una camisa nueva; la ilusión de aquella jovencita  decidida a convencer a la abuela   de que  la deje salir con sus amigas… Son pequeños placeres que pasan zumbando frente a nuestras  sombras largas,  en un afán de acallar el murmullo incesante de nuestros  pequeños lamentos.  ¿Por qué no dejarnos contagiar?
   Me atrevo a suponer  que hay más goce en el primer bocado que da el  peón a sus tacos de papa de las doce, que  el que siente frente a una cena gourmet de cuatro tiempos aquel elegante comensal, al que poco o nada le sorprende. 
   Aprendamos el arte de la mirada lateral, comencemos a gozar los granos de arena antes que las estrellas de mar: Los grandes placeres --más quiméricos que otra cosa—se redimensionan frente a los pequeños disfrutes de cada día, de los que dan cuenta las crónicas de santos y de  locos. 

GATO PARAMÉDICO

miércoles, 21 de marzo de 2012

VIDEO DE ANIMAL POLÍTICO: Moscú deja de ser gris y se llena de color

Hermosísima secuencia de fotografías que nos permiten un recorrido por Moscú, de sol a sol. Trabajo tomado de la Revista Digital Animal Político.
Moscú deja de ser gris, se llena de color | Animal Politico

VIDEO COREANO sobre un Faro de Luz

LA GRANDEZA DE DON CIRO PADRE: Por Iliana Romero desde Perú.

 Este texto me llega a través de Carlos Morales un gran amigo peruano, de profesión pediatra.  Se lo envía a su vez la autora, conmovida por la búsqueda que durante más de un año llevó a cabo un colega médico, hasta encontrar a su amado hijo, por desgracia muerto.  
   Léanlo y déjense conmover línea a línea  por este auténtico canto de amor:
Ciro Castillo hijo (qepd)
Príamo le respondió: "Yo mismo he oído a la diosa, la he visto ante mí y creo en sus palabras. Y si mi destino es morir, lo acepto: que me mate Aquiles tan luego como abrace a mi hijo y satisfaga el deseo de llorar sobre él".
La  Ilíada-Homero

Es ley natural que los hijos entierren a sus padres, lo contrario se traduce en algo ilógico además de ser un dolor indescriptible y que nunca se va.  No imagino cuánto dolor podría significar tremenda pérdida para alguien. Pero es tal su magnitud e impacta a los que están cerca  que ya desde las más remotas épocas Homero nos hablaba del sufrimiento del rey Príamo ante la muerte de su hijo Héctor a manos del invencible Aquiles, de tal manera que al leerlo uno podía sentir esa pena,  se entendía el riesgo y humillación al que voluntariamente  Príamo  se sometió al ir a la tienda de Aquiles en el campamento enemigo llevado por su único deseo de enterrar dignamente al hijo asesinado.
Y el  recuerdo del dolor y la pena que se transmitieron en mi adolescencia en esas líneas atribuidas al inmortal narrador, se encendió en la mente mientras recibía las noticias del hallazgo  y comprobación de algo que era esperable luego de más de 200 días: el cuerpo del joven Ciro Castillo hijo en esas alturas y sinuosidades del bello valle del Colca.
Una cree que ya está acostumbrada a todo pero con cosas así se da cuenta que no, pues conmueve haber sido testigo en silencio y a la distancia de esa agonía de los padres y  hermanos del joven. Sobre todo, el padre, que desde el primer  día dejó todo y estuvo ahí indesmayable, como Príamo suplicando al Bomboya la devolución del hijo amado sólo con la esperanza en un hilo cada día de volverlo a ver o por lo menos de dar sepultura digna a ese primer hijo que tantas alegrías, tristezas y preocupaciones  le causo desde que nació y fue recibido con tanto amor, expectativas y alegría del ansiado primogénito.
En estos momentos mientras escribo veo a las mujeres del Colca, llorando despidiendo con oraciones y frases de tristeza el cuerpo  del malogrado muchachodentro de esa bolsa negra; una anciana le dijo Guagua, secándose las lágrimas, frase dicha  con esa ternura y pena de la madre sencilla y sabia que  entiende el dolor que hay alrededor de esta enorme pérdida para la familia. Mientras una banda dejaba oír a lo lejos los acordes de la música que significa para ellos la despedida de quien llego un día ahí sin imaginar las tristes circunstancias que vendrían y que luego de este tiempo de búsqueda y lágrimas, hoy vuelve a  casa, con los suyos al fin, lamentablemente de esta manera.
Falta poco para que  la familia  reciba el cuerpo del hijo que se fue un día y al que tanto esperaron ver volver. Sabemos lo que significará para ellos ese instante y el gran dolor que tendrán que pasar aún en las siguientes horas, días, años. Mi mayorsolidaridad con cada uno de ellos, mi mejor deseo que sus corazones encuentren ese consuelo que parece inalcanzable, que sepan que no están solos, creo que todas los peruanos nos solidarizamos en un abrazo enorme con ellos y siempre los tendremos presentes  en nuestra memoria y oraciones.
Mi sincera y enorme admiración para el Dr. Ciro Castillo padre, como colega, como persona, como padre;  no pude  más que asociarlo en mi mente decía al rey Príamo por la fortaleza y valor demostrados en tan aciagos días, él ha caminado entre la desesperación, el dolor y la incertidumbre sacando lo mejor de sí mismo en cada paso, ha sido ejemplar el amor y entrega demostrados por su hijo Ciro, esa imagen perdurará y hará imborrable su recuerdo. Porque cada vez que alguien hable de Ciro hijo  recordaran al Dr. Ciro padre que hasta el final hizo todo por darle la dignidad y reposo al  cuerpo del hijo amado, el padre que incansable lo buscó y lo arrebató del olvido y hasta de la ofensiva y malintencionada  acusación de una posible fuga.
No hay palabras de consuelo que ayuden en momentos así, lo sé. Sin embargo me atreveré con humildad a decir,  Dr. Ciro Castillo, que gracias a Ud. se hará inolvidableel paso de su primogénito en este mundo, pues con la misma  grandeza del rey Príamo,  -igual a la que Ud. ha tenido-  lo que ha  hecho  hará  perdurar en el recuerdo eterno de la gente su amor de padre y la memoria de su hijo.
  Iliana Romero Giraldo

Yuja Wang interpretando "Primavera" de Vivaldi a 8 manos.