domingo, 14 de enero de 2024

CARTÓN DE LUY

 


5 CORO DEL MONASTERIO VALAAM

HERMOSA REFLEXIÓN SOBRE EL TIEMPO


Y un día te vas a dar cuenta de que ya no existe ese bullicio infantil que tanto desgasta; y ese caos armónico es silencio ruidoso porque las hojas del calendario no perdonan.

Y es de repente... de repente caes en la cuenta de que la bañera ya no es un baúl desastre lleno de juguetes, y que no te han dejado en el lavabo ese balón de gomaespuma, ni hay muñecas en un sofá dormido, ni ropa desparramada por la casa...

Y un día te vas a dar cuenta de que no hay carreras por pasillos interminables; ni risas a hurtadillas en la cama para desafiar el sueño; ni cuentos a quien leer, ni sábanas a quien tapar a medianoche, ni almas respirando sueños...

Y un día te vas a dar cuenta de que la despensa está llena de recuerdos y que sobran platos en la mesa; y que todo está en orden... sin mochilas en el suelo de la entrada, sin lápices desordenados en pupitres de colores, ni esa ropa que no entra en el cesto y que las camas no se deshacen...

Y un día... serás huérfano de tus hijos que crecieron con el permiso de la vida. Y te sentarás en el sillón sabio del libro que echa de menos una voz inocente que le interrumpa. Y cada página que pases, léela con detenimiento porque esa... ya no vuelve. Es la vida.


Tomado de la página de Fb de Gaby Policromatica Aguilar.
Agradezcp a Eréndira Ramírez su gentil sugerencia.

CHARLA con el Dr. José Antonio Lozano Díez: La ilusión

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

He vivido la medicina desde las dos perspectivas, como médico y como paciente o familiar de paciente. He visto caer abismalmente a las instituciones de salud pública, hasta llegar a ser el sitio menos deseado para ser internado, recurriendo a él cuando no existe alternativa alguna, asumiendo de antemano que no será la mejor opción, pero que al no tener más, es la única. Y a echarnos un volado con la vida, esperando ganarle. He visto como los majestuosos y elegantes hospitales privados emergen en todo el país, cual gigantes que se apropian de la noble causa de devolver la salud. Edificios que al entrar, parecieran oficinas de una empresa donde las finanzas van antes que el interés humanístico, donde se te recibe en un lobby con decenas de oficinas y empleados, con interrogatorios donde el diagnóstico y motivo de internamiento van después de si eres particular o tienes un seguro y de asegurarse de que dejes un anticipo si no lo tienes.

Enormes salas con elegante decoración, no se repara en ello, y tampoco en hacer cobros descomunales por hacer uso hasta del aire que respiras ahí dentro. Pero afortunados aquéllos que tiene accesos a ellos, una minoría del total de mexicanos enfermos que no nos podemos dar estos lujos o que si nos los damos, tendremos que dar a cambio buena parte de nuestro patrimonio, o endeudarnos a largo plazo.

La medicina es el gran negocio de ahora, se lucra con la enfermedad, víctimas de instituciones como la alimentaria que se ha encargado de enriquecerse a cambio de inundarnos con productos dañinos y utilizar la publicidad para generarnos el deseo de consumirlos, poniendo por delante el placer y no la salud, generando enfermedades como la diabetes y la obesidad, por mencionar algunas, para que la industria farmacéutica, con descomunales precios nos ofrezca medicamentos cada vez más sofisticados para remediar lo que nosotros mismo aceptamos nos causaran.

Títeres que creemos tomar decisiones, que somos manipulados con mercadotecnia, que nos creemos libres y no somos sino entes que se mueven a merced del son que les toque la élite del poder.

Tristeza enorme me causa lo que es hoy la medicina, con tanto avance, con médicos que sé conservan sus principios y vocación, pero en un medio pervertido, donde cada paciente tiene signo de pesos, donde ya no hay derecho a la salud, por el contrario, recuperarla es un lujo.
Enfermar para muchos, es no solo lidiar con el padecimiento, es angustiarse por no tener a donde recurrir con la confianza y la fe de que seremos atendidos dignamente.

Quisiera creer que no es utopía que un día no muy lejano, por fin sea una realidad la democratización de la salud.
Todas las reacciones:

VIDEO ANIMADO: El hombre de nieve

domingo, 7 de enero de 2024

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 

ANDARES

Caminante, son tus huellas el camino y nada más…
Antonio Machado

Recién terminan las fiestas en torno a la Navidad cristiana.  La vida va regresando a su ritmo habitual; nos serenamos, o tal vez nos angustiamos con la famosa “cuesta de enero”, ese período de reflexión cuando notamos que nos hemos excedido en gastos durante diciembre.  Comenzamos a guardar los adornos navideños y los niños se preparan para el retorno a clases.   Es buen momento para revisar qué elementos vuelven tan particulares las fechas, con una magia que no se repite a lo largo del año.

Quizá un primer punto es que nos remonta a nuestra propia infancia, a la convivencia con una familia formada por abuelos, tíos y padrinos, además de padres y hermanos.  Las festividades de cada día nos dotaban de una particular alegría.  La noche del 24 o del 5 de enero tenía lo suyo propio; así fuera un par de guantes tejidos lo que nos llegara, lo celebrábamos como el gran regalo que nos volvía niños especiales y únicos sobre la faz de la tierra.

Justo ese es el encanto de la infancia, la forma de ver las cosas que suceden en derredor como eventos que marcan un hito en nuestra vida.  Objetos cotidianos como una taza de chocolate caliente o un buñuelo tienen un significado particular.  A esa edad no existen los elementos (o más bien dicho, no existe la malicia) de comparar lo que tenemos enfrente con lo que otros tienen, o lo que podríamos haber tenido.  Esa es, justo, la magia de la infancia: invertimos en cada vivencia toda nuestra energía y nuestra emoción.    Es por ello por lo que, a manera de rompecabezas, durante la niñez nuestra vida va adquiriendo su forma poco a poco, a través de esas experiencias fragmentarias que hacen un todo.

Un elemento distintivo de las fechas que terminan es la convivencia.  Hay reuniones familiares, de grupos de trabajo o escolares; se reúnen los vecinos, los compañeros de adolescencia, los miembros de la iglesia: En la mayor parte de los hogares lo que menos se presenta en estos días son momentos de soledad; claro, es probable que el adulto mayor que nos acompañó hace un año haya partido ahora, dejando una silla vacía en la mesa familiar.  Aun así, este es un duelo que se vive dulcemente, acompañados de las memorias que acompasan la charla familiar.

Habría, entonces, que plantearnos un ejercicio emocional para el año que acaba de comenzar: Hallar cada mañana, en nuestra cotidianidad, un motivo para renovar esos ánimos de temporada.  Que no pase un solo día sin que emprendamos un momento  de reflexión respecto a nuestra propia vida: Amanecimos, tenemos salud; un techo y un plato de comida.  Hay familia de sangre o de afecto que nos procura; contamos con la ocasión de aprender algo nuevo, de ser mejores.  Estamos en capacidad de compartir algo de lo que tenemos y alegrarnos de poder hacerlo.

La vida es un instrumento musical que se nos entrega al momento de nacer.  Con él viene un instructivo para aprender a hacer música.  Podemos amar nuestro violín o nuestro piano y volvernos unos virtuosos.  El tiempo, el entusiasmo y la constancia serán nuestras mejores herramientas.  O bien, podemos dejar de lado el instrumento de modo que se vaya deteriorando, y quizás el día cuando nos propongamos ejecutar  música como la que otros expresan, obtengamos solamente sonidos discordantes.  El paso del tiempo y el abandono de nuestro instrumento  nos cobrarán la factura.

Sean estas fechas, cuando en el aire persiste la alegría de la Navidad, un buen momento para ponernos en contacto con esa faceta que tanto descuidamos el resto del año.  No permitamos que se apague el goce infantil que en las semanas previas nos invadía.  Reconciliemos nuestro yo adulto con el infantil, de manera de hallar cada día elementos que convoquen nuestra alegría y ganas de vivir.

Una linda manera de contactarnos con esa parte lúdica de nuestro ser es la lectura.  A través de las páginas de un libro el narrador nos lleva a distintos lugares, a diversas épocas y a conocer personajes con los que, de una u otra forma, nos identificamos.  A veces nos hacen reír y los aplaudimos, a veces nos mueven algo adentro y los odiamos, pero en cualquier caso tocan nuestras emociones y nos llevan a vivir con mayor intensidad.

Que no nos sorprenda el avance del 2024 sin un proyecto por realizar.  Elaboremos cada día una pieza de ese paisaje global que nos estamos construyendo en la vida.  Afinemos nuestros instrumentos musicales para acompañar el trabajo con armoniosas melodías.  Que para los demás sea  placentero avanzar junto a nosotros, y que muy en nuestro interior, sea el propio ser la mejor compañía en el camino.