Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme
y tu mirada abierta,
tu pecho vasto
y sólido
y certero.
Jaime Sabines
Una red social cuyo propósito es contribuir a enaltecer la calidad humana, la sensibilidad ciudadana y la autoestima. Un pequeño espacio que aliente, reconozca y difunda los valores de los diversos ciudadanos del mundo. Que nos impulse a cuidar del planeta, y a edificar la sociedad justa y buena a la que todos tenemos derecho.
Me opongo a la violencia, porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal, el mal que causa es permanente" –Ghandi.-
Durante los últimos meses no había cosa más importante en mi ser que prepararme para ganar en esta convención, practicaba y estudiaba con gran ahínco para hoy dar mi mejor y resultar galardonado en esta competencia; es asombroso, e incluso impactante, como la vida en un instante te hace partícipe de duros y terribles acontecimientos que te transforman y marcan por siempre. La vida a través de ese sutil y trágico andar, hace que una mañana común despiertes con un reflejo diferente, un reflejo lacerado que tristemente jamás será igual.
Y todo ello debido a los horrendos acontecimientos suscitados en mi bella, pero hoy secuestrada y atemorizada, ciudad de Torreón, Coahuila el fin de semana pasado. En donde un grupo de bandoleros desalmados dispararon sin piedad sus balas en un bar robándoles instantáneamente la vida a dos amigos del alma con los cuales había convivido por más de 15 años, y a otros seis jóvenes más. Mis hermanos y los demás jóvenes cometieron un pecado terrible que los condenó a perder sus vidas, el pecado de buscar un lugar en donde compartir una copa con un amigo.
Este dolor que hoy ahoga todas las fibras de mi ser, no se compara con el sufrimiento que los hoy inconsolables padres de mis amigos sintieron a la hora de recibir una llamada en la madrugada, que espero de corazón amigos de toda la república, jamás reciban: la llamada de un frio asistente de hospital que solicita ir a reconocer el cuerpo de su hijo asesinado en una masacre. ¿Qué no suponía la ley de la vida que los hijos enterraran a sus padres y no viceversa? ¿Qué no suponía que estos jóvenes debían disfrutar las bellezas y experiencias que tiene la vida por el pasar de los años? Antes de su último aliento ¿mis hermanos se habrían dado cuenta que jamás se titularían, que jamás se casarían y tendrían familia, que jamás sabrían lo que es regresar a casa y recibir el cálido abrazo de una madre amorosa que los espera y que vive por y para ellos? ¿Habrían pensado que sus vidas se convertirían en un número y una estadística más?
Uno de mis hermanos asesinados se llamaba Mauricio Murra, un joven brillante a quien, sin lugar a dudas, le auguraba un futuro más que exitoso. Dedicaba su vida entera al estudio, el trabajo y la familia; recuerdo con nostalgia que siempre llevaba consigo una pulsera en su diestra que tenia las letras WWJD, que representan la abreviatura al español "¿Qué haría Jesús?", y siempre que se encontraba en momentos difíciles consultaba su pulsera y se encomendaba a Jesucristo; el día de hoy esa pulsera continúa iluminando senderos, pero no de él, sino de una madre inconsolable que busca la pronta y ardua resignación.
Y como Mauricio muchos más, esta guerra está acabando no sólo con policías y criminales, sino con inocentes, particularmente jóvenes, y con ello no sólo se arrebata la tranquilidad y vida de sus padres, sino la esperanza de un país que finca su futuro en ellos, es decir, no sólo acaban con sus vidas sino con propuestas, ideas, arte, anhelos que hoy más que nunca este México del siglo XXI necesita.
Amigos, seamos conscientes de que ni el gobierno ni los cárteles tienen la culpa. La responsabilidad principal es de nosotros: la sociedad. Una sociedad adormecida, pasiva y temerosa, secuestrada no por la violencia, sino por el miedo; que nos mantiene cabizbajos y tolerantes a las calamidades que suceden día con día en nuestras calles. ¿Cuántas muertes más se requieren para que tomemos la responsabilidad y actuemos? ¿Necesitamos que nuestros hijos sean desangrados para levantarnos?
Yo creo que no. Yo no creo que sea necesario que la tragedia toque todos y cada uno de nuestros hogares para levantarnos. Y sí, necesitamos levantarnos en armas, hacer una revolución en la cual nuestro fusil sea el raciocinio y nuestras balas la palabra; en donde reclutemos a soldados de paz y agentes de cambio que busquen más que violencia, soluciones. Formemos un tercer ejército en donde la trinchera sea el cambio y el servicio social; que busque sanar el resquebrajado tejido social ya que de éste deriva el conflicto; un ejército que entienda que la crisis de inseguridad no es económica o política, sino social; entendamos que está en nosotros y no en un político ni en un policía el rescate de este país.
Pero ¿cómo? ¿Cómo formar un tercer ejercito, el social, el de paz y combatir desde esa trinchera? Para ello quisiera compartirles nuestra propuesta surgida en Torreón para no quedarnos cruzados de brazos ante la injusta muerte de nuestros amigos: 10 jóvenes nos reuniremos para crear una asociación civil que tenga un objetivo claro: crear oportunidades de desarrollo a aquellas personas abandonadas por la sociedad; llámese pobres, desadaptados, jóvenes banda etc. Estas oportunidades las crearemos organizando torneos deportivos, manifestaciones culturales y capacitaciones académicas y laborales mediante convenios de colaboración con universidades. Imaginen ustedes el impacto positivo que tendría, por ejemplo, el ofrecer un diplomado en carpintería exclusivo para lavacoches y limpiaparabrisas, que mediante esa educación se les inculque lo que es la cultura del esfuerzo y tengan una alternativa real a unirse a las filas del narcotráfico.
Tal vez piensen que estas labores para "mantener la mente ocupada" de los jóvenes las realiza ya el gobierno, y están en lo correcto. Sin embargo creo que estas acciones carecen de continuidad debido a que son planes sexenales o trianuales y dependen del color rojo, azul, amarillo o verde. Nosotros sociedad no dependemos de una fecha de caducidad ni de un color, nosotros somos los únicos que podemos ofrecer un programa de carácter permanente desde y para la sociedad.
Amigos de la república, despertemos de esta pesadilla. Tomemos la acción y combatamos al crimen como sociedad, como un todo, como un pueblo unido que busca rescatarse a sí mismo.
¡Unámonos! Que las fronteras de la sociedad sean arrasadas y demostremos que somos un pueblo con memoria histórica y alto compromiso social.
¿Amas a tu país? ¡Demuéstraselo con acciones! Y no le cierres la puerta a alguien que el día de mañana pueda ser el secuestrador de tu hijo. Te invito a que te unas a esta revolución del pensamiento y a este ejército de paz promoviendo en tu ciudad oportunidades para quienes no las tienen.
Déjenme decirles, como diría Ernesto Guevara, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor.
José Arturo Braña Sotomayor . Mayo 22, 2010
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CONTRALUZ Junio 13, 2010
María del Carmen Maqueo Garza
Regreso de despedir a María Elena, una compañera de trabajo muy apreciada; vengo todavía con los llantos de sus seres queridos pegados en el alma. Ella y yo compartimos distintas cosas, lugar de trabajo, amistades, pero particularmente compartimos luchas. Ahora que la veo partir, en medio del dolor que deja su muerte descubro una virtud muy singular de lo que fue su vida: No podrá ser recordada por otra cosa que no sea la bondad que imprimió a sus actos; por su trabajo dedicado y honesto; por su don de gentes. Porque fue la mejor hija; la mejor hermana; la mejor amiga.
Vida y muerte, la eterna dialéctica; el fin de nuestro ser material, ese epílogo natural de toda especie viviente, que tal parece que nunca acabamos de asimilar a cabalidad. Algunas veces, como ahora, estamos frente a un ser humano que concluye su estancia entre nosotros y avanza hacia otra dimensión sin cuentas pendientes. En el extremo opuesto, muchas veces somos acongojados testigos de situaciones donde la muerte presenta su faz más abigarrada, en un concierto de pasiones que frisan con la locura, y que nos lleva a preguntarnos en qué hemos fallado como sociedad. Viene a mi mente la película dirigida por el australiano Terrence Malick, "The thin red line" (La delgada línea roja); una variante argumental de la cinta bélica original estrenada en 1964 bajo el título: "El ataque duró siete días". Dentro de los diálogos de la misma deseo traer a colación uno que en estos momentos cobra vigencia al referirnos al estado de cosas en nuestra sociedad:
"Éramos una familia, tuvimos que separarnos y nos distanciamos, y ahora estamos en bandos enfrentados, nos arrebatamos la luz unos a otros. ¿Cómo perdimos la bondad que nos fue otorgada? La dejamos escapar, la desparramamos sin miramientos."
Las noticias que destacan en esta semana tienen qué ver precisamente con esa fina frontera entre la posibilidad de hacer algo, y realmente hacerlo. Una delgada línea que se cruza intempestivamente en un arrebato, cual movidos por una bestia hasta antes dormida dentro del propio ser. Varios eventos trágicos de los últimos días con mucho en común, ameritan un análisis: Hace un par de semanas en la línea divisoria entre Tijuana y San Ysidro el indocumentado Anastasio Hernández es capturado por una veintena de elementos de la Patrulla Fronteriza norteamericana quienes lo esposan, lo golpean y lo someten a cinco descargas eléctricas que finalmente le provocan la muerte. Una semana después, en los límites territoriales de ambos países, en Ciudad Juárez un niño de catorce años es ultimado por un disparo a quemarropa por un arma de alto poder, a manos de un agente de la Patrulla Fronteriza.
En la ciudad de Miami un hispano tras un disgusto con su novia cobra venganza matándola a ella y a otras tres personas, para luego suicidarse. Simultáneamente en el Distrito Federal un joven padre, después de versiones contradictorias y fantasiosas sobre el destino de sus dos menores hijos, confiesa que los asfixió "porque no tenía qué darles de comer ni manera de educarlos". El aspecto exterior tanto del presunto doble filicida, como de su esposa y los niños, no muestran signos que indiquen que los niños estuvieran pasando hambre ni cosa parecida. Ello lleva a suponer que más allá del perfil psicopatológico del padre, su proceder obedece a una "realidad artificial" que asume como verdadera, frente a la cual su situación personal se antoja paupérrima. Pertenece a una clase media baja con acceso al mundo globalizado, mismo que presenta, generalmente a través de los medios de comunicación, "realidades" infladas, quiméricas, ficticias, pero finalmente descorazonadoras. Cuando él se compara con lo que ellas muestran, se siente miserable dentro de su realidad personal.
Durante una reunión de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina, filial de la ONU) en la ciudad de Panamá en abril del 2000 se analizaron los efectos que la globalización viene ejerciendo sobre la exclusión y la vulnerabilidad de la juventud, incluyendo el papel de los mensajes transmitidos por los medios de comunicación. Esto es, nuestro mundo propone con frecuencia prototipos nada sanos, apologías de diversos antivalores, con una sugerencia implícita de asumirlos en la propia vida personal. La juventud y una escasa formación moral son combinación propicia para ahijar estas perversas conductas sugeridas hasta llegar, como en estos lamentables casos, a muertes absurdas que nunca debieron ocurrir.
María Elena ha cumplido con la vida y parte serena. Nosotros nos quedamos escudriñando el mundo en busca de respuestas a eventos que parecen no tenerlas, problemas que a la postre se resuelven con inteligencia, con método, pero sobre todo con temor de Dios, que tanta falta nos hace.
A raíz de la baja de Jonathan dos Santos del Tri y del encarcelamiento de Celia Lora, la Sección Vida! publicó ayer un artículo acerca de la sobreprotección de los padres actuales.
Si proteger es resguardar a alguien o a algo de los peligros, daños o incomodidades, sobreproteger significa exagerar esa protección, lo que impide al protegido desarrollarse a plenitud.
¿Por qué la sobreprotección es dañina? Entre otras cosas porque el dolor nos hace crecer y, en este País, la mayoría de los niños de clase media para arriba viven en una burbuja llena de cuidados y de gratificaciones caprichosas e instantáneas. Y al crecer en un mundo así, no salen de la infancia.
Crecer significa romper el cordón umbilical que los vincula a ese mundo perfecto y artificial en donde todo les es resuelto por los adultos. Así como al empezar a comer por cuenta propia el niño se ensucia y, a veces, se pone el plato de comida en la cabeza, así titubean y fallan al aprender a hacer otras cosas.
Sólo aprenden a comer cuando lo hacen por cuenta propia a la edad debida. Si se hubiera prolongado la etapa de alimentarlos en la boca, se habrían tardado más en comer por cuenta propia. Esta lección es aplicable en muchos ámbitos más cuando no se les deja enfrentar sus desafíos; eso les impide aprender, independizarse, crecer y conocerse.
"Zizinho" debió haber dejado a su hijo enfrentar a los medios con su frustración y su dolor a cuestas. "Jona" es un joven talentoso y herido, cuya frustración en lugar de servirle para entender que las cosas no siempre salen como deseamos, le enseñó que en los momentos difíciles su padre dará la cara por él y lo protegerá.
Pobre: no será la única frustración de su vida y mientras no aprenda a aceptar ese sentimiento, no madurará. ¿O podrá su papá sobreprotegerlo siempre? Manejar el balón externo, con todo lo difícil que es, es más sencillo que manejar el interno. Cuando "Zizinho" decidió arrebatárselo a "Jona" para manejarlo él, anuló una valiosa oportunidad de aprendizaje.
Celia Lora, al manejar alcoholizada, mató a un hombre. Celia tiene 26 años y debería ser una persona responsable. Responsable significa responder, rendir cuenta de sus actos. Sin embargo, su papá olvidó todo eso al declarar: "Mi hija no bebe ni rompope", lo cual contradice todos los testimonios.
Los padres actuales reclaman a los maestros cuando sus hijos no sacan 10 de calificación, no cantan en el coro, no les preguntan a diario o no los exaltan. Y cuando crecen, en vez de dejarlos entrevistarse en la universidad a donde les gustaría ir, van los papás, indagan, sopesan, les platican a sus hijos y, a veces, deciden por ellos.
Hace poco, en un juego local de futbol infantil, el jugador número 7 de un equipo jugó muy bien. Un papá del otro equipo se bajó a la orilla de la cancha y se puso a gritar todo el tiempo "¡Pin... 7!". Claro, patanes y cretinos hay en todos lados. Si creyó que con eso mostraba su apoyo al equipo de su hijo, se equivocó. La lección para los niños fue: se insulta al rival cuando no se le puede vencer.
Pero el colmo es que, a partir de la publicación del álbum de barajitas del Mundial, las mamás son quienes las intercambian, mientras sus hijos juegan frente a ellas. ¿Las pegarán también ellas al llegar a la casa porque ellos vienen cansados del juego?
El álbum es un negocio redondo. Las barajitas son caras, pero antes el objetivo de los niños era buscar las barajas, negociarlas, hacer trueque o venderlas. Quien poseía la más solicitada se ganaba la admiración de quienes la deseaban. Las barajitas no importan tanto como que los niños aprendan a relacionarse y a desarrollar habilidades, actitudes y conocimientos. Sin embargo, las mamás les impiden todo eso al servírselas en charola de plata.
Por eso muchos niños y jóvenes creen merecerlo todo. No es culpa de ellos; eso les enseñaron. Sus papás les dan las cosas antes de que las pidan, aunque se partan el alma para lograrlo. Y si los niños no sufren decepciones, no pagan las consecuencias de sus actos y son irresponsables, ¿cómo aprenderán que el mundo no les debe nada y que son vulnerables?
Pobres niños sobreprotegidos y pobres de nosotros que debemos aguantarlos.
Originalmente publicado en el periódico EL NORTE de la ciudad de Monterrey el 3 de junio del 2010