sábado, 14 de mayo de 2011

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

PRIMERAS LECCIONES
En este  Día del Maestro quiero evocar a aquellos personajes que han pasado por mi vida para dejar una huella indeleble.  A pesar del  transcurso de los años, y el hecho de que algunos ya han abandonado el plano terrenal, su memoria nunca morirá; está viva dentro de mi ser, y palpita con cada latido del corazón.
   Soy honesta, no conservo mayores recuerdos de aquéllos cuya labor frente a los alumnos se concretó a cumplir un programa, un horario, una tarea… Aún  cuando haya estado dentro de sus aulas por espacio de un año, los conocimientos se quedaron a un nivel cognitivo, sin alcanzar a meterse dentro del pecho, de manera que hoy los polvos del tiempo los han desterrado.
   Recuerdo con claridad a la maestra que tomó mi mano para enseñarme las primeras letras.  Parece que estoy viendo aquel gran salón de Párvulos lleno de luz,  y a la maestra Lesbia enseñándonos las vocales y las primeras sílabas.  No pudo haber existido un mejor salón que aquél,  desbordante de luz, para comenzar a enamorarme de la escritura.   Al lado estaba el salón de música en el cual aprendí aquello de: “Con una sonrisa, y una inclinación…”.  Cada mañana la maestra Lucita, amante de las notas musicales,  habrá renovado su propósito  de vida frente al oscuro piano vertical,  decidida a   arrancar armonías de aquel montón de chiquillas desentonadas; sólo puedo recordarla animosa, sin amilanarse jamás con nuestros cantos. Estoy cierta que  de alguna manera imprimió en todas nosotras el amor por la música, el cual con los años he visto crecer.
   Recuerdo a mi maestra  Cota de primer año. Parece que la veo frente al grupo, en un salón que parecía salido de un cuento de hadas; totalmente aislado del resto de la escuela, y al cual se llegaba luego de cruzar un jardín tan verde y tupido, que  ni siquiera  en pleno mediodía lograba verse iluminado.  Por las mañanas el pizarrón se poblaba  con grandes árboles, y  redondas  letras  cursivas escritas con gises de colores.  Amante de la disciplina, la seño Cota dejaba caer sobre el escritorio su metro de madera para imponer orden entre la treintena de chiquillas de seis o siete años. A su lado aprendí a dibujar casitas, y  memoricé lecciones como aquella de: ¿Qué miras por la ventana?// Miro el sol  que ya se va//Que me dice “hasta mañana”//¡Di madre que volverá!//Volverá niño querido//y hasta tu cama entrará//y  si te encuentra despierto//¡Qué contento se pondrá!  De igual manera   entoné las estrofas del Himno Nacional cuya letra no dejaba de impactarme cuando la comprendí, particularmente aquello de  “profanar con su planta tu suelo”…”en las olas de sangre empapad”…. y  “un sepulcro para ellos de honor”.   Claro  a  esa corta edad es difícil entender que aquello de decir que Dios siendo tan bueno,   hubiera escrito con su dedo   sobre la guerra y la muerte, era más poesía que otra cosa.
   El resto de la Primaria, por cuestiones de trabajo de mi señor padre, lo cursé en muy diversas escuelas en distintas ciudades. De  los maestros guardo las memorias que conserva mi corazón.    Algo muy claro de aquellos años  era la congruencia entre lo que los maestros decían y lo que hacían.   Muy en especial recuerdo a mi maestra de quinto año en Durango, Hortensia Bolívar quien me enseñó con su  entusiasmo a apasionarme por la palabra escrita; además aprendí a distinguir las plantas angiospermas de las gimnospermas; que los caudillos de la Independencia entregaron la vida y algo más; que el traje de yalalteca es digno de portarse,  y también  me enseñé a hacer buñuelitos de molde para el diez de mayo.
   De  la secundaria, en esos años de difícil autodefinición,  conservo grandes  enseñanzas de mis maestros: Disciplina, lealtad y  compromiso  hacia aquello que hacemos.   Fue en clase de Biología en donde descubrí mi deseo de ser médico, gracias a la actitud  proactiva de la maestra, que escuchaba y atendía cada una de nuestras inquietudes en clase.
   Y así podría seguir recordando los maestros de Preparatoria; los de la facultad, y aquellos que conocí durante los años de especialización.  Maestros con elevada calidad moral, que para cuando daban una orden, ellos ya habían cumplido con lo suyo,  resultando imposible no atenderlos.
   A nuestros niños y jóvenes ha tocado vivir en unos tiempos difíciles, en los que la palabra vana y el rigor del metal son la moneda corriente.   Habrá entonces qué plantearnos cómo  trabajamos todos para que los chicos tengan el privilegio de una tutela de maestros como los que aquí describo, tan buenos en enseñar, que aún después de medio siglo sus alumnos recuerdan perfectamente las primeras lecciones recibidas de ellos; lecciones que hablan de amor, de pasión y de entrega para toda la vida.

COSAS NUESTRAS de Jorge Villegas





Conciliación
Ya no quiero más un presidente panista, ni uno priísta, ni uno perredista.
Con cualquiera sentimos que nos quedan a deber cambio.
Porque acaban gobernando ni siquiera los partidos, sino una facción.
Como el gobierno faccioso, no panista, que hoy tenemos en Los Pínos.
O como el anterior, entregado inicuamente en las manos de una cónyuge desbocada.
Vamos a exigir que los candidatos próximos se comprometan a la apertura.
Que, finalmente, haya un gobierno de conciliación y compromiso.
México en manos de sus mejores hombres, por encima de los partidos y facciones.
jvillega@rocketmail.com

LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS DE NADIE: Por Dra. Fabiola Chacón Chaves


Unidad de Trauma, Hospital Nacional de Niños,  Costa Rica  
Los niños y las niñas de nadie tienen un año o menos. Algunos no conocen a su padre y lo más parecido a ello es ese hombre que los aterroriza con su voz y sus manos , y que los hace creer que los monstruos y villanos de los cuentos de hadas existen.
Los niños y niñas de nadie no conocen el abrazo de una madre, un te quiero, una simple mirada de aceptación o de solidaridad. No escuchan canciones de cuna, se duermen entre los gritos y la violencia, y no saben si están despiertos o viven en una pesadilla.
Tienen sus cuerpos marcados por manchas moradas, sangre, rasguños, mordiscos, quemaduras, descuido y abandono. Son aquellos que el único contacto que reciben es el de la mano que castiga, el látigo que hiere y la indiferencia que mata. Sus almas abarrotadas de indiferencia , desamor y soledad.
Son hijos e hijas de la vida que deben aprender a valerse por sí mismos, aunque aún no puedan siquiera caminar.
No tienen derecho a llorar, a sentir dolor o miedo porque eso sería el principio de la peor película de horror.
Incomprensible. Los niños y las niñas de nadie son invisibles para sus vecinos, que una y otra vez son testigos de cómo son golpeados, humillados o abandonados, será que no los ven o que prefieren no verlos'. Nunca lo entenderé. Porque lamentablemente nuestros niños sueñan con superhéroes que vendrán en su rescate' pero ¿cómo los van a rescatar quienes eligen no ver?
Los niños y niñas de nadie son mis pacientes desde hace 8 años'. Son pequeños con sus cuerpos brutalmente golpeados sin importar cuán pequeños son. Las fracturas, los sangrados , las cirugías, el dolor, el miedo y la soledad son sus compañeros.
Hace un año le pedí a uno de ellos que luchara por vivir'. Que luego de 3 meses de hospitalización, múltiples cirugías, toda la gama de complicaciones de una hospitalización prolongada, ni una sola llamada o visita de un ser querido para saber si aún vivía, el dolor de un cuerpo y un alma agotada' lo esperaba el compromiso de un hospital y una sociedad de mostrarle que el mundo no era solo un sitio de horror. Que había fuera de las puertas del hospital amor, justicia, abrazos, te quieros'
Pero le fallé, y luego de 3 meses partió al cielo, sin haberme mostrado nunca una sonrisa y sin saber que los únicos que lo lloramos éramos la familia que adoptó en esos meses en ese hospital. Probablemente sabía que no estábamos preparados para darle lo que se le había negado en su añito de vida y que merecía, porque la indiferencia de la sociedad, la falta de recursos y personal de nuestras instituciones y la falta de compromiso de todas y todos no nos ha permitido devolverle a todos la posibilidad de sonreír.
Por eso y por todos mis niños y niñas estoy convencida que ya no nos podemos permitir ser más espectadores de esta terrible realidad que nos cubre como la más densa niebla. Hoy es el momento de adquirir responsablemente el compromiso con los niños y las niñas de nadie que desde hoy y para siempre deben ser los niños y niñas de todos. Tienen que dejar de ser invisibles y ser de nuevo Juan, María' No podemos darnos el lujo de perderlos porque la muerte nos los arrebate o porque las secuelas de sus traumas los maten en vida.
Es por esto y por todas las vidas que en 8 años he visto apagarse , que como médico, como mujer, como hija y madre hoy hago una invitación a todos y todas sin importar quienes seamos o lo que hagamos para que nos unamos como estado y sociedad civil y nos convirtamos en una muralla de valientes seres humanos que resguarde y proteja a lo más valioso de nuestra sociedad: nuestros niños y niñas.
ftraumahnn@gmail.com
Tomado de: 
http://161.58.182.53/2010-05-31/Opinion/Foro/Opinion2390760.aspx el 1o de mayo del 2011

USA PROTECTOR SOLAR: Sanofi Aventis

LO QUE NOS FALTA, en palabras de ROMÁN REVUELTAS RETES

¡No podemos negar al texto su buena parte de verdad! Román Revueltas hereda el arte de sus mayores; de Don Silvestre la música, de José el  novelista revoltoso, el gusto por escribir.  
   Para muchos su inclinación política es demasiado obvia; en este caso el texto me parece sólido y  claro en lo que a ética ciudadana se refiere.   ¡Léanlo!

 
Los países más seguros son también aquellos donde la gente se detiene ante los semáforos. Esto, lo de respetar una luz roja, es asunto de llevar interiorizado a un gendarme virtual en la cabecita que hace innecesaria la presencia de una autoridad real —por ejemplo, un policía en el crucero— que nos obligue a comportarnos correctamente.

 
Ese mismo inspector interno es quien nos impide tirar basura en las calles y perpetrar otras infracciones aunque sepamos, de cualquier manera, que no habrá castigo si las cometemos.

 
En un mundo ideal las personas deberían de poder autorregularse sin necesidad de sanciones, advertencias, amenazas o penas corporales.

 
A los hijos, en un primer momento, los educamos con un sistema de correctivos y recompensas hasta que ellos mismos aprenden a discernir lo que más les conviene, dicho esto en el sentido más exacto de la palabra.

 
La gratificación inmediata parece ser siempre una opción irresistible pero, justamente, los adultos saben ya que todo tiene un precio: si me dejo llevar por la gana de comprar un tentador artículo sin tener realmente la capacidad de pagarlo, tarde o temprano habré de enterarme.

 
El asunto es que algunos individuos de la especie no conocen, digamos, los límites. Tal vez sus padres no supieron trasmitirles ciertos principios o ellos mismos nunca tuvieron la capacidad de controlar sus impulsos.

 
En todo caso, no hay otra manera de regular a estos sujetos que a través del ejercicio de la autoridad: la única receta que conocen es la amenaza de una sanción, es decir, el castigo.

 
En México tenemos dos gravísimos problemas sociales:

 
Hemos fracasado en la trasmisión de los valores; y, por el otro lado, hemos propiciado un entorno de escandalosa impunidad: nuestra justicia no castiga; es decir, no sirve para ordenar la estructura de la sociedad.

 
Esta combinación tan nefasta nos ha llevado a donde nos encontramos ahora.

 
Y esto, con perdón, no tiene nada que ver con la guerra de Felipe Calderón.

VIDEO MOTIVACIONAL: Sonríe y sé feliz

POESÍA LATINOAMERICANA: Jaime Torres Bodet en su aniversario luctuoso

Civilización

Un hombre muere en mí siempre que un hombre
muere en cualquier lugar, asesinado
por el miedo y la prisa de otros hombres.

Un hombre como yo; durante meses
en las entrañas de una madre oculto;
nacido, como yo,
entre esperanzas y entre lágrimas,
y -como yo- feliz de haber sufrido,
triste de haber gozado,
Hecho de sangre y sal y tiempo y sueño.

Un hombre que anheló ser más que un hombre
y que, de pronto, un día comprendió
el valor que tendría la existencia
si todos cuantos viven
fuesen, en realidad, hombres enhiestos,
capaces de legar sin amargura
lo que todos dejamos
a los próximos hombres:
El amor, las mujeres, los crepúsculos,
la luna, el mar, el sol, las sementeras,
frío de la piña rebanada
sobre el plato de la ca de un otoño,
el alba de unos ojos,
el litoral de una sonrisa
y, en todo lo que viene y lo que pasa,
el ansia de encontrar
la dimensión de una verdad completa.

Un hombre muere en mí siempre que en Asia,
o en la margen de un río
de África o de América,
o en el jardín de una ciudad de Europa,
Una bala de hombre mata a un hombre.

Y su muerte deshace
todo lo que pensé haber levantado
en mí sobre sillares permanentes:
La confianza en mis héroes,
mi afición a callar bajo los pinos,
el orgullo que tuve de ser hombre
al oír -en Platón- morir a Sócrates,
y hasta el sabor del agua, y hasta el claro
júbilo de saber
que dos y dos son cuatro...

Porque de nuevo todo es puesto en duda,
todo
se interroga de nuevo
y deja mil preguntas sin respuesta
en la hora en que el hombre
penetra -a mano armada-
en la vida indefensa de otros hombres.
súbitamente arteras,
las raíces del ser nos estrangulan.

Y nada está seguro de sí mismo
-ni en la semilla en germen,
ni en la aurora la alondra,
ni en la roca el diamante,
ni en la compacta oscuridad la estrella,
¡cuando hay hombres que amasan
el pan de su victoria
con el polvo sangriento de otros hombres!
Acotación mía:Yo sospecho, Jaime, que anticipando la destrucción  de tu México y de tu carne,  optaste por la salida más digna en el  amplio repertorio de salidas. Te nos fuiste así nomás, al silencio total,  tras un único estruendo muy tuyo, muy certero. 
Nada más me pregunto: ¿Sería casualidad, en un Día del Maestro?... M.C.