Una red social cuyo propósito es contribuir a enaltecer la calidad humana, la sensibilidad ciudadana y la autoestima. Un pequeño espacio que aliente, reconozca y difunda los valores de los diversos ciudadanos del mundo. Que nos impulse a cuidar del planeta, y a edificar la sociedad justa y buena a la que todos tenemos derecho.
domingo, 25 de noviembre de 2012
EL HOGAR ESTÁ DONDE SE HALLA EL CORAZÓN por Iliana Yahav
Buen momento para recordar el arte en arena de la rusa Iliana Yahav, que exalta valores de primer orden para nuestro mundo.
domingo, 18 de noviembre de 2012
CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza
Noviembre
18, 2012
INVENTAR INFANCIAS
En estas fechas se lleva a cabo en la ciudad de México la Feria
del Libro Infantil y Juvenil. Alguna vez
tuve oportunidad de asistir a esta
fiesta de las letras que congrega una
enorme cantidad de empresas editoras, amén de actividades y talleres que ponen
al chico en contacto con la lectura.
A los que hoy somos adultos mayores nos tocó
vivir una infancia relativamente estable en la que no había sorpresas, era un esquema sencillo que no daba pie a
confusiones, el día comenzaba y terminaba
a una misma hora para todos, en el desayuno solían servirse huevos, la fruta era un mero postre que se consumía
por gusto, nada más, y la gran mayoría de los adultos fumaba en espacios
públicos sin sentirse amenazado por
ningún cáncer. Había problemas de relación como en la actualidad, pero aquella afortunada red de secretos familiares y sociales conseguía
que prevalecieran las apariencias por encima de cualquier realidad incómoda. En general las cosas eran predecibles, lo
que facilitaba un sentido de estabilidad
en tiempo y espacio, que en gran medida contribuyó a ser lo que somos.
Con frecuencia escuchamos a los
intelectuales y artistas manifestar que el gusto por la actividad que ahora los
ocupa nació en el seno del hogar, siendo ellos muy pequeños. Aunque hay casos notables que confirman la
excepción, de alguna manera existe una correlación entre el ámbito familiar que
se tuvo de niño, y los gustos o
aspiraciones del adulto.
Aquellos tiempos de los que hablo corresponden
a las décadas de los cincuentas a principios
de los ochentas del siglo pasado, período en el que crecimos los
adultos maduros de la actualidad. Ese
hogar en el que pasamos nuestra niñez tenía pocos cambios aparentes, lo que facilitó
que viviéramos nuestra infancia sin sobresaltos, además de que los problemas que
percibíamos como graves tenían qué ver con elementos de lo más simple, como terminar la tarea para obtener el permiso de salir a jugar, o cuidarnos de que el compañero más “tremendo” del grupo escolar, al que ahora llamaríamos “buleador” no fuera a
fastidiarnos la hora del recreo.
Los problemas de nuestros niños y jóvenes en
la actualidad son de otro orden. La red
de dulces silencios que cobijaba las infancias de ayer ya no funciona, y el
menor se ve envuelto en una serie de dificultades que van desde conflictos familiares hasta los grandes problemas
de inseguridad en los que obligadamente
lo hemos involucrado. Sus días tienen un
ritmo vertiginoso, son muy distintos uno del otro, y siempre existe el factor
sorpresa que lleva a cambiar planes en cualquier momento.
Ambos padres suelen tener actividad laboral
fuera de casa, y claro, el niño por su parte afronta una carga adicional
derivada de actividades extracurriculares a las que habrá que dar
cumplimiento. El mundo es altamente
competitivo, lo que condiciona en los pequeños un grado adicional de estrés, que viene a reducir
aún más el desenfado que antes era propio de la niñez. Muy probablemente él no haga reclamos, pues
no tiene parangón para medir la infancia de otros tiempos contra la que se vive ahora, pero de alguna
manera esta agitación tiene sus consecuencias más delante, en algún momento de
su vida.
Habría tres elementos capaces de
proporcionar un espacio de gratificante
bienestar para ese pequeño al que desde
el Jardín de Niños estamos presionando
para cumplir una serie de obligaciones, tres elementos que de alguna manera le
permitirán crear esos espacios vitales de recreación, en un mundo altamente
competitivo. El primero es la presencia de los abuelos, esos seres maravillosos
que por razón de su condición familiar se han ganado el derecho a consentir a
los nietos a placer, constituyéndose en un
eslabón entre aquellas infancias plácidas y las necesidades del chico, que a
veces no tiene respiro.
Otro elemento son las mascotas: Cualquier
especie viva que lleve al pequeño a distraerse de su diaria rutina y pasar un
rato divertido junto a ese ser juguetón y gracioso, que además acepta al niño
como es, sin imponer condiciones para hacerlo.
Por otra parte el cuidado de una mascota pone al pequeño en contacto con las necesidades propias del animalito, lo
que facilita el desarrollo de un valor fundamental, la sensibilidad social.
Un tercer elemento son los libros,
maravillosos regaladores de historias que permiten al niño expandir su propia
imaginación; sumido en las páginas de un buen libro él puede convertirse en cualquiera de los personajes que las pueblan y
recrear su propia realidad, más aún
cuando ésta es dolorosa. Leer no
necesariamente implica un gasto; el sistema bibliotecario da muchas opciones de
acercamiento a la lectura.
Nuestros niños merecen una infancia gratificante en lo emocional, que mañana evoquen como un afortunado tiempo de descubrimiento interior. ¡Inventémosla para ellos!
COSAS NUESTRAS por Jorge Villegas
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Alguna ropa que usted desecha no sirve ni para trapo de sacudir.
Pero está la que simplemente pasó de moda. O la que compró de más.
No son prendas inútiles, sirven para cumplir un mandato bíblico.
Para vestir al desnudo, al precarista, al que no sabe de modas ni de estilos.
Hágalas llegar hasta quienes sirven en los barrios a los más desposeídos.
Descubrirá que ni siquiera piensan en regalarlas para no ofender.
Venden cada prenda en uno o dos pesos. Y la gente paga con gusto y dignidad.
La fórmula es simple: Por cada prenda que compre, regale alguna de su guardarropa.
jvillega@rocketmail.com
Alguna ropa que usted desecha no sirve ni para trapo de sacudir.
Pero está la que simplemente pasó de moda. O la que compró de más.
No son prendas inútiles, sirven para cumplir un mandato bíblico.
Para vestir al desnudo, al precarista, al que no sabe de modas ni de estilos.
Hágalas llegar hasta quienes sirven en los barrios a los más desposeídos.
Descubrirá que ni siquiera piensan en regalarlas para no ofender.
Venden cada prenda en uno o dos pesos. Y la gente paga con gusto y dignidad.
La fórmula es simple: Por cada prenda que compre, regale alguna de su guardarropa.
jvillega@rocketmail.com
REFLEXIONES DE UN DOMINGO EN LA MAÑANA por María del Carmen Maqueo Garza
Me gusta la mañana, de preferencia al alba, cuando es el silencio el que acompaña los primeros haces del sol. De alguna manera amanecen las ideas frescas, como niño recién nacido, y la inspiración revolotea traviesa, espantando los últimos sueños de la noche.
En lo que corresponde a la mancha urbana no suele haber gallos, pero para mi buena fortuna a escasos cien metros una familia tiene desde tiempo atrás un gallo que canta puntual cada mañana. Nunca lo he visto ni conozco las condiciones en que vive, pero imagino que se ha de hallar rodeado de gallinas gordas y suaves que le ayudan a inspirarse, pues cada mañana su canto se deja escuchar vigoroso y alegre. Me recuerda a otro gallo de mi niñez, que vivía en alguna pequeña casa en una de las dos vecindades aledañas a la Catedral del Carmen, sobre la avenida Matamoros en Torreón, templo frente al cual transcurrió mi primera infancia, en un segundo piso con una amplia terraza al frente, lo que me permitía de alguna manera seguir aquellos misteriosos laberintos que serpenteaban sobre el cemento comunicando a muchas pequeñas viviendas de uno o dos cuartos, dentro de las cuales pululaban niños, perros y gatos, y por supuesto aves ponedoras.
Esta mañana salí temprano, algo que acostumbro hacer por gusto, y ahora también por necesidad. La otrora tranquilidad de esta frontera ha dado paso a la violencia que en cualquier momento se desata en cuestión de minutos. Quise ganarle a las probabilidades estadísticas, pero de todas formas no me escapé de toparme de frente con un convoy de unos diez vehículos de las fuerzas armadas, guiados más que custodiados, por dos vehículos de la policía estatal, uno al inicio y otro al final del conjunto militarizado. Al respeto por las fuerzas castrenses se antepone la incertidumbre, no sabemos si van arribando a la ciudad o si están en operativo, y en este segundo caso estar cerca de dicho convoy es hallarse en riesgo.
Seguí mi recorrido para de repente hallarme de frente con la hermosa bandera de nuestra ciudad; fue tal mi gusto ante la visión, que no pude menos que venir a casa por la cámara para capturar esa imagen excelsa. Dada la hora de mis andares pude apostarme sin problema en la franja central de la avenida Carranza, habitualmente muy transitada, para fotografiarla. No quise dejar escapar la emoción que sentí al toparme con ella: Altiva, ondeante y hermosa, erigiéndose por encima de la torre del Santuario de Guadalupe, y ciertamente por encima de todas las dificultades que experimentamos los pobladores de esta ciudad norestense.
Hay valores que se han perdido; muchos de ellos con los que crecimos quienes hoy somos mayores, los jóvenes los ven como un estorbo, o quizás no les concedan la importancia que a nosotros nos enseñaron nuestros padres a concederles. Pido al cielo que ellos sigan sintiendo esa emoción incontenible que pone la piel de gallina y llama a las lágrimas al borde de los párpados, cuando se está frente al lábaro patrio, porque entonces sabremos que no todo está perdido para nuestro México, y que tarde o temprano habremos de recuperar aquella paz que tanto añoramos.
POESÍA DE JORGE CADAVID
Hacer cosas con palabras
Quiero hacer cosas con palabras
por ejemplo, construir un vaso de vidrio
y una imagen clara como el agua
que atraviese su forma devota
Quiero beber su espectro luminoso
en el gastado hilo del día
Deseo sentir el recorrido absorto
de la transparencia en mi garganta
y verificar en silencio
que las ideas descienden líquidas
y es imposible retener su caudal
con solo mi pensamiento.
Teoría mínima de la distancia
Las burbujas
del fondo del estanque
hablaron del tiempo y lo visible
inseparables hacedores
de la distancia
Contemplaron la lejanía
Meditaron sobre los horizontes
que rodean todo
y dijeron que todavía
nada en el mundo ha desaparecido
Nacen y mueren
desde el fondo del estanque
tantas burbujas
y nadie les hace caso.
Tomado de: http://www.elmalpensante.com No. 91
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