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domingo, 19 de noviembre de 2017
domingo, 12 de noviembre de 2017
CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza
EL MEJOR PILOTO
Haz de tu vida un sueño y del sueño una realidad.
Antoine de Saint-Exupéry
Antoine de Saint-Exupéry
Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por la cima de sus propios sueños, explora diversas
posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta
ocasión habla con singular entusiasmo de
la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano, y hasta dónde
pueden llevar los mismos a aquel que se
atreve a soñar.
El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y
hoy hablamos de emprendimientos, misiones, visiones, objetivos y niveles. Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar
nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su
medición, sin embargo no es la única forma para alcanzar las metas que nos proponemos.
La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero
se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta
aterrizándolo en la realidad personal.
Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la
par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda
la pasión. Para ello la experiencia de los mayores les facilita la creación de proyectos factibles de llevarse a cabo. Lo que menos querríamos es que pasen a formar
parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en
proyecto, porque viven esperando que alguien venga a tocar su puerta para
descubrirlos.
Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de tener como amiga. Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado
como las bodas de rancho, a lo largo de varios días. Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero
más aún, las condiciones de salud y
lucidez en que lo ha hecho. Sin embargo
lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular entusiasmo por vivir que se manifiesta siempre que alguien
le pregunta cómo está, e invariablemente
contesta con un alegre “Muy
bien”.
Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus
sueños. Conchita el adulto mayor que ha cumplido
esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para
mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos. Entre uno y otra nos hallamos el resto de los humanos, cada cual en un rango
de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos
guiar por aquello que nuestro corazón señala.
No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para
cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida.
Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en
proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de
nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde
varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro
temperamento, y más delante de nuestra
personalidad. No hay sobre el planeta
dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por
más que puedan tener un origen o una educación similar. Cada uno va perfilando su propia forma de ser
y marcando su huella muy particular a lo
largo de la vida, en los casos más
afortunados para el bien de la humanidad.
Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron
trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal mientras
vivieron, para ejemplos hay muchos. Pero
no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes
excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les
rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar
y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese
punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace
la gran diferencia. Y por el contrario,
tenemos a quienes van en sentido
opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de entusiasmo, vivos porque respiran,
pero nada más.
Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra
infancia. La educación recibida en el
hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos consolidar como grupo humano, la altura de
nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la
potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia. Así regresamos a ese tema tan necesario de
entender, la autoestima. Un niño que se
sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor. Un pequeño que se siente aceptado a pesar de
sus errores, aprende a amar, asume que todo
ser humano merece lo mejor, y apuesta a
favor suyo.
La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro
de cada niño al mejor piloto, no habrá
sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.
VIÑETAS por María del Carmen Maqueo Garza
AUSENCIA
Has partido
con tu valija de sueños
bajo el brazo,
me he quedado muda
sin tus palabras.
Antes de que el polvo
borre tus huellas,
dejo el pensamiento
en vilo,
salgo a buscarte,
sigo los ecos de tus pasos
por el camino,
voy al balcón que compartimos
de tarde en tarde,
donde encontraron mis palabras
eco en las tuyas.
Hoy no encuentro
otra cosa
más allá de un silencio
que dice muerte.
Es polvo tu recuerdo.
Es memoria mi vida.
POESÍA de Jorge González Durán
LA FLOR DEL AGUA
Si tú me lo dijeras
te preguntara:
¿en dónde empieza el agua
para cortarla?
¿Comenzará en la nieve,
aprisionada?.....
¿La encontraré en los ríos
si va descalza?...
¿Se dormirá en tu sueño
de tan delgada?...
Si tú me lo dijeras...
pero lo callas.
¡Dime, dónde está el agua!
¿Por qué el mar la deshace
junto a la playa,
y en pájaros de espuma
la deja ahogada?...
Si tú me la trajeras...
¡cuánto la amara!
...Y el agua se hizo flor
en tu mirada.
Agradezco a Carlos su valiosa sugerencia poética.
CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez
Nuestra propia vida ocurre de la manera como la percibimos.
No es raro escuchar a alguien decir que no es feliz, cuando para nosotros debiera serlo, porque tiene todo para que así fuera.
Advertimos los sucesos, a las personas de distinta manera. Lo que para unos es tragedia, para otros es tan solo una situación apenas incómoda, intrascendente.
Sorprende a veces como hay personas que pueden sortear más de una vez situaciones por demás desafortunadas y son capaces de sobrellevarlas, admira su resiliencia, su capacidad de no quedarse sumidos en la desgracia e inclusive no solo de ello, sino de ser transmisores de paz, porque dentro de si mismos la tienen y la rescatan a pesar de que la desventura se las haya arrebatado transitoriamente.
Otros en cambio, viven siempre angustiados, desconfiados, sufriendo hasta por lo que no les has pasado, viendo en cada situación una posibilidad de conflicto, en la más trivial, en aquella que a veces ni siquiera sucede.
Cuando se encuentra la armonía entre el corazón y el cerebro, cuando hay paz espiritual, es entonces que la vida se aprecia distinta, y ni siquiera es que ésta sea mejor, es que hemos tomado la decisión de vencer el pesimismo, de no perder la fe, de ver en cada día la mejor oportunidad de reencuentro con el amor, con el perdón, con la paz interior, que nos permita sobrellevar nuestra realidad, sin que nos arrebate nada ni nadie la esperanza de que pueda mejorar.
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