domingo, 13 de septiembre de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 RELACIÓN EDUCACIÓN Y FELICIDAD

Preocupante noticia de la semana que termina son los bajos resultados de México en la prueba PISA. Los niveles de comprensión lectora y matemáticas disminuyeron, en tanto hubo un ligero incremento en ciencias, que de ninguna manera nos permite solazarnos por los resultados globales. Son malos y no podemos quedarnos de brazos cruzados.

Han surgido análisis sesudos de expertos en la materia a través de diversos medios noticiosos. Tuve oportunidad de escuchar el mensaje de Aurelio Nuño, ex secretario de Educación, quien interpreta los pobres resultados en el examen como un colapso en la educación. Fundamenta su opinión en factores como la reducción de becas a estudiantes, desaparición de escuelas de tiempo completo, disminución en la calidad del material educativo, en particular los libros de texto gratuito, y el haber regresado el control de la base magisterial a los líderes sindicales. Y por el mismo orden diversos líderes de opinión hablan de cómo la prueba PISA refleja el estado de cosas en la educación. Hay sin embargo otro aspecto que no encuentro revisado hasta ahora, y en el que quiero hacer énfasis:

En alguna charla de café me insistía un convencido de la 4T en que la trigonometría no tiene usos prácticos, y que daba igual incluir que suprimir esa materia de la currícula escolar. Considero, por mi parte, que, aunque el estudiante de nivel medio no vaya a seguir una carrera relacionada con las matemáticas, el desarrollo del pensamiento lógico matemático que proporciona el estudio de materias afines tiene una utilidad en la vida diaria. Nos permite analizar los diversos problemas que enfrentamos siguiendo un orden lógico, entender cómo surgieron y con qué elementos contamos para resolverlos. Tal vez la mayoría de nosotros no percibamos el beneficio que representan las matemáticas en nuestra toma de decisiones cotidiana, pero en definitiva existe.

Algo similar sucede con la rama de ciencias. Aunque mejoramos un poquitín, aun así, salimos bajos en relación al resto de los países convocados por la OCDE. Hay algo muy simple, que tal vez yo, de formación científica, tenga muy en claro: Aprender sobre el mundo que nos rodea nos permite apreciarlo de otra manera. Profundizar para entender la formación de un nuevo ser genera en nosotros respeto por la vida en todas sus formas; sumergirnos en el mundo de las abejas para entender por qué es crucial su papel en la base de cualquier ecosistema nos llama a cuidar nuestro entorno. Visualizar bajo el microscopio la extraordinaria comunicación neuroquímica que se da entre dos neuronas cuando aprendemos algo nuevo nos convence de mejorar nuestro aprendizaje.

En cuanto a comprensión lectora hallé un concepto enorme en valor, que reza así: “La comprensión lectora sirve para entender que detrás de cada palabra hay un mundo”. Interpretar con claridad lo que leemos nos facilita las tareas de la vida cotidiana, como entender instrucciones de un dispositivo o de una aplicación; facilita conocer un contrato de trabajo o una hipoteca antes de firmar. La comprensión lectora nos transporta a otros mundos a través de la literatura. En sus líneas aprendemos sobre empatía y desarrollamos mejores modos de ser y de vivir.

Entonces, aprender acerca de funciones trigonométricas, o de la bomba sodio-potasio en la contractilidad muscular, no es ocioso. Entender los principios que mandata nuestra Constitución, o descubrir las maravillas que contiene la poesía de Becquer o de Gioconda Belli, de ninguna manera son adquisiciones elitistas ni vanas ni ridículas. Son conocimientos que permiten ampliar el disfrute de una vida buena, segura y productiva, con certeza jurídica, y además feliz.

Encontré la referencia de un metaanálisis llevado a cabo por investigadores chinos en el 2025 y publicado en la revista “Frontiers” que confirma la relación que hay entre educación y bienestar subjetivo. Además de un par de reportes norteamericanos en las revistas Springer y Science Direct, que dan cuenta de algo similar, la estrecha relación que hay entre el nivel de preparación académica y el logro de una felicidad eudemónica, esto es, la que se halla asociada a la gratitud, la generosidad y una elevada autoestima.

Con lo anterior podemos afirmar que la educación impacta directamente en el desarrollo de una óptima inteligencia emocional.

Queda al aire una serie de preguntas: ¿Qué tanta relación tendrá en nuestro país la baja reportada en índices de escolaridad con el incremento en problemas de angustia y depresión en adolescentes y jóvenes? Independientemente del logro de herramientas para una mejor vida que proporciona la educación. ¿Hasta dónde el aprender más acerca del mundo que nos rodea y de nosotros mismos es clave para una vida más dichosa? Al tiempo…

CARTÓN de LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

 Espacios muertos

8/sep/2026

Estoy sentado en una silla de plástico gris, en un aeropuerto que podría ser cualquier lugar y que, por lo mismo, no es ninguno.

No hay ventanas. Solo una luz blanca y tubular que ignora los atardeceres. Aquí el tiempo no transcurre: se acumula como una capa fina de polvo sobre las esquinas.

Miro a los transeúntes y compruebo que no veo personas, sino reflejos de mi propia ausencia. Somos partículas en la pantalla de un radar; puntos que se cruzan, parpadean y se disuelven sin dejar huella en el aire. Es una presión seca en el centro del pecho, distinta a la tristeza. Es la certeza exacta de estar desenchufado de mi propia vida.

Voy al sanitario, que es compartido y a nadie parece importarle. Nada conserva mi rastro. El espejo del baño está demasiado limpio; no guarda el vaho de mis mañanas anteriores ni reconoce la mirada con la que me busco. En casa, en cambio, las cosas me recuerdan quién soy: el lomo desgastado de los libros, la mancha circular en la mesa, el peso familiar del llavero en el bolsillo.

De nuevo en la sala de espera, me miro las manos mientras sostengo un café de franquicia en un vaso de cartón. Parecen las manos de un extraño. Por un segundo olvido hacia dónde me dirijo y lo peor —o lo más liberador— es que da igual. Detrás del mostrador, el barista sigue marcando vasos con un automatismo indiferente a las personas.

Quizá sea esto la libertad: la suspensión momentánea de toda historia. Nadie, en estos lugares, conoce los compromisos de mi nombre ni las expectativas que dejé al otro lado. Durante unas horas no le debo cuentas al pasado; soy tan solo la serie numérica de un billete de paso.

Pero la levedad tiene su cobro. Al dejar de pertenecer a un punto geográfico, uno empieza a desdibujarse por los bordes. Quien se demora demasiado en un espacio muerto termina por convertirse en uno: un pasillo de tránsito donde todo circula y nada echa raíces.

Miro el equipaje junto a mis pies: la última ancla. Dentro viaja mi ropa usada, mi desorden habitual, los restos de la persona que tendré que volver a ser en cuanto cruce la puerta de mi casa. Fuera de esa caja de tela, la megafonía convoca a un vuelo con una voz sintética que no espera respuesta.

Ajusto el agarre del asa metálica. Me levanto y me integro, en silencio, al flujo de gente que camina hacia la puerta de embarque.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.

CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

El respiro antes del monstruo

Hay un momento sagrado que me pertenece, un paréntesis que no está en ninguna agenda ni protocolo institucional. Es justo antes de salir de casa, cuando la ciudad todavía bosteza y la urgencia aún no me reclama. Salgo al jardín trasero —mi pequeña trinchera privada— con una taza humeante de café entre las manos.

Desde ahí, veo cómo la ciudad se va despertando a lo lejos, gris y temblorosa como si no quisiera admitir que ya es hora. Y más allá, imponente y callado, el volcán observa todo sin intervenir. El cielo empieza a incendiarse desde el horizonte y por un instante me permito creer que ese espectáculo es solo para mí. Como si el mundo supiera que lo voy a necesitar, como si la naturaleza me ofreciera un último sorbo de paz antes del combate.

En ese respiro no hay pacientes, ni reclamos, ni camillas cruzando en estampida. No hay oxígeno que se acaba, ni computadoras congeladas, ni jefes que llaman para “solo una cosita rápida”. Solo estoy yo, un hombre con café, frente al telón más hermoso que puede tener una vida con urgencias.

Y entonces, cuando el café llega al final y el sol ya se trepó al cielo como un reloj sin clemencia, sé que es hora. Apuro el último trago, me despido del silencio y me lanzo de nuevo al monstruo. Ese que me espera con bisturís, con listas eternas, con vidas colgando de minutos y decisiones.

Pero yo ya fui al jardín. Ya vi el volcán. Ya respiré...



¿Qué les están haciendo las redes sociales a nuestros hijos? CHARLA con Jonathan Haidt


Es una charla más larga de las que habitualmente subo, pero vale la pena verla completa. Sobre todo para padres de hijos pequeños o jóvenes.

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez

Hay ocasiones en que no sabemos que fue lo que nos llevó a determinada situación. Seguimos el hilo de los acontecimientos y en un buen número de ocasiones no nos lleva a lo que originó aquello que vivimos en el presente. Con frecuencia utilizamos la frase de "una cosa llevó a la otra", lo que no precisamos es que fue la primera cosa, o de donde se originó la que inició todo, porque esa que pareciera la primera también tuvo un fuente de donde provino. Así pues, queda impreciso en este vertiginoso suceder, que fue o de dónde nació la primera "cosa" que vino a terminar en lo que ahora estamos viviendo.

Buena o mala la "cosa", a veces circunstancial, o provocada por nuestras actitudes, a voluntad o inconscientemente nos cambiará la vida en uno u otro sentido, a veces llevándonos por más tiempo del que deseáramos por un camino equivocado, o por el contrario a la certidumbre, a la satisfacción de haber tomado decisiones correctas, de haber estado en el lado iluminado de la luna, de haber corrido con suerte, en la cual sigo creyendo. 

Una cosa lleva a la otra, y se sucede así la vida, la intención entonces debe ser que aquellas "cosas" que están al alcance de nuestra voluntad, de nuestras posibilidades y nuestra conciencia, sean positivas, tratando de provocar con ello una cadena de efectos benéficos en nuestra existencia, en la de nuestras amistades, familia, en nuestra sociedad. 

No podremos abstraernos de que sucedan "cosas" malas, pero sí tenemos la facultad de provocar que ocurran "cosas" buenas y que sea entonces cuando la frase de "una cosa llevó a la otra" nos dibuje una sonrisa en los labios y nos inunde de paz el corazón.

ENSAYAR LA VIDA: Texto de Iasi Libertad Raya López

 Hoy nos visita por primera vez una querida amiga michoacana, uruapanense, promotora de lectura, a quien conocí en un taller de ensayo en línea. Me encantó lo que escribió y con su permiso lo comparto (y también la foto, que para eso no le pedí permiso, pero ahí va, para que la conozcan).

LOS ESPACIOS DE LECTURA: PUENTES DE RECONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL

El tejido social se entiende como la configuración de vínculos sociales e institucionales que favorecen la cohesión y la reproducción de la vida social. Esto quiere decir que todas nuestras actividades diarias, desde la convivencia familiar, en nuestros trabajos, escuelas, y con nuestros vecinos, componen el “tejido social”. En México, este se ha debilitado considerablemente. La violencia, la pobreza y la corrupción son solo algunos de los factores que han contribuido a esta desintegración. Hemos perdido la capacidad de asombro y empatía, y esto nos ha llevado a una apatía peligrosa, lo cual nos desvincula de la sociedad en la que vivimos.

Ante este panorama, surgen espacios que, de forma silenciosa, proponen una reparación desde la esencia de lo humano: el diálogo y la reflexión compartida. Los espacios de lectura emergen para contrarrestar el desgaste del tejido social. Su importancia radica en la creación de una comunidad lectora donde se fomente una nueva forma de leer el mundo basada en compartir diversas lecturas que promuevan la reflexión, la empatía y el compañerismo. Al leer y discutir juntos, los participantes no solo interpretan textos, sino que se "leen" y reinterpretan su propia realidad. Cuando esta reinterpretación es colectiva, el sentido deja de ser una construcción individual y solitaria para convertirse en un patrimonio común. Los espacios de lectura se transforman en espacios donde se restaura una dimensión fundamental del tejido social: el lenguaje y el significado compartido.