Cada etapa de la vida tiene lo suyo. Los primeros años, como la primavera, se hallan rebosantes de vida nueva, de entusiasmo y alegría. Viene más delante el verano de la juventud, en que se afianzan proyectos, relaciones y posturas personales. Se piensa en formar una familia y se toman previsiones para la siguiente etapa, la de la madurez, cuando comienza a perderse la lozanía de los años previos.
Entonces llega el otoño, una etapa maravillosa en muchos aspectos. Hemos vivido lo suficiente para llevar un legajo de experiencias bajo el brazo. Ese mismo avance del tiempo nos va generando desgaste.
Comienzan a aparecer ciertas fallas orgánicas que, afortunadamente, ahora sabemos sortear con una mejor actitud que en los tiempos previos. Se vuelve una constante tarea ir envejeciendo con gracia y dignidad.
Plena de experiencia y ligereza, quiero dar gracias por grandes motivos que me vienen acompañando en estos años. Hoy desde esta etapa quiero dar gracias por los días nublados, que me recuerdan el valor inconmensurable del sol.
Gracias a las hojas del follaje, que tornan su verde por el ocre, para dejarse caer entre volteretas. Nos demuestran que en la caducidad reside el núcleo de la renovación.
A la vida gracias por la familia, con la que comparto y amplío mi raigambre ancestral. A través de cada uno de mis familiares se va tejiendo un sentido único de identidad y pertenencis, una comunidad que nada habrá de disolver.
A los amigos, esos maravillosos seres humanos que asumen lo mío propio como muy suyo para despejar los abrojos del camino, mi total gratitud.
Es por todos ellos, familiares y amigos, que los proyectos que emergieron de mi mente y pasaron la aduana del corazón, van cristalizando poco a poco.
Gracias a mis maestros que asumen como suyo mi propósito creativo y me acompañan a cada paso, orientando y enriqueciendo esa expresión que nació aún torpe mas deseosa de salir al mundo y conquistarlo.
A quienes, generosos me acogen con empatía, toda mi gratitud. Es hermosa la magia de dos corazones que conectan a través del puente de las miradas, dejando detrás suyo al mundo y sus afanes.
Gracias, vida, por las dificultades que me ayudan a mantenerme creativa dinámica y con un puñado de propósitos por realizar.
Gracias por la lluvia que lava impurezas y nos prepara en el camino para seguir adelante...
...Por la música, cuyos acordes acomodan mis emociones, las acompañan y las hacen sentir como parte de un orden superior con el cual finalmente se alínean.
Gracias por el trino de las aves. Ellas, ignorando si su vida es breve o prolongada, no se cansan de gorjear con singular entusiasmo, entonando un continuo himno a la vida, por el simple hecho de existir.
Gracias por mi pasado que me trajo a donde hoy me encuentro. Por mis errores que me recuerdan que estoy hecha de arcilla. Me enseñan a desarrollar la empatía, recordando que nadie es perfecto, y que es justo a través de nuestras equivocaciones como más nos hermanamos con otros.
Gracias porque he aprendido a ejercitar el don de la gratitud. De este modo encuentro mayor bondad y belleza en el camino, y con ello mi ducha se duplica.
