domingo, 25 de octubre de 2026

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

 LÉXICO Y AUTOESTIMA

Durante los dos últimos sexenios se ha querido implantar un sistema educativo enfocado en lo mínimo necesario, dejando fuera buena parte de los contenidos que anteriormente había en la educación básica, media y media superior. Colateralmente se ha abandonado en las aulas la lectura de comprensión. Muestra de ello la vimos reflejada en los resultados de la prueba PISA 2025 en fechas pasadas. Ahora que nos echamos un clavado tratando de entender las consecuencias de esos cambios educativos, vamos descubriendo que han repercutido en una baja en el desarrollo de la autoestima.

El concepto inicial de “inteligencia emocional” fue dado a conocer al público general por el norteamericano Daniel Goldman en su obra homónima de 1995. Aunque Wayne Payne, investigador social, ya hablaba de ella desde diez años antes. En su libro Goldman comienza a descubrir que, al margen de las habilidades que hasta ese momento eran medidas por el Coeficiente Intelectual (IQ) existen capacidades que tienen que ver con otros elementos frente a los cuales el ser humano se mide, y que la inteligencia no es única sino múltiple, y que el conocimiento del tipo de inteligencia que predomina en un escolar va a contribuir a enfocar el tipo de enseñanza que se le proporciona.  Se considera que tal inteligencia emocional se compone de cuatro elementos: El autoconocimiento, la autorregulación; la conciencia social (o empatía), y las habilidades sociales.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el léxico de una persona? Aquí viene la razón por la cual la simplificación de los contenidos educativos en el área de la lectura de comprensión no ha contribuido al desarrollo integral del escolar. Las emociones se sienten, pero falta asimilarlas. Hay un malestar evidente, pero distinguir qué lo provoca es fundamental para tratar de resolver esa incomodidad. No es lo mismo que el niño reconozca que está triste o enojado; avergonzado o decaído; inquieto o humillado, o que lo bulean. Cada una de esas emociones tiene su significado y debe contar con su propio espacio en la conciencia del niño. De igual manera sucede con las emociones positivas, en la medida en que las distinga una de otra y pueda expresar cómo se siente en un momento dado, la experiencia agradable será mayor.

El vocabulario inicia a comprenderse por la vía oral. En casa el niño percibe cómo se encuentran los adultos en un momento dado. Las emociones de sus mayores resonarán en él, aunque tal vez no logre definir cómo. Más difícil todavía en casos en donde los adultos de una familia no consiguen verbalizar cómo se sienten. Llega el niño a las aulas en donde los maestros podrán ayudarle a definir sus estados anímicos. Definitivamente, en cualquiera de los casos, la adquisición de un vocabulario que le permita interpretar y expresar lo que trae dentro, ayudará a procesarlo.

La lectura contribuye en gran medida a facilitar en el niño la adquisición de vocablos con los cuales definir sus propias emociones. Si lee que un personaje de una historia se siente enojado y lee la descripción de ese estado, va a conseguir identificar en su propia persona el enojo mediante la detección de sensaciones similares a las leídas. Conseguir verbalizar cómo nos sentimos contribuye a liberar una carga energética importante que ayuda a evitar frustración y su consecuente violencia. Y así con cada una de las emociones que el escolar detecta en su persona, cuando tiene elementos con qué compararlas, podrá procesarlas de un mejor modo.

De muchas maneras se ha pretendido presentar el hábito de la lectura como algo privativo de la clase privilegiada. Posiblemente así sucedía en tiempos de la colonia, cuando los únicos que sabían leer y disfrutaban de la lectura eran los descendientes de familias pudientes. Pero a partir de mediados del siglo veinte, con el advenimiento de la SEP, se procuró que la lectura se expandiera sin limitaciones, y cualquier niño podía acceder a las bibliotecas públicas para leer, ya fuera tratados académicos o lecturas por placer. El hacerse de un cuerpo de conocimientos robusto en lo absoluto significa hoy en día algo aristocrático. Por el contrario, el desarrollo de un sólido aprendizaje favorece la justicia social.

Toda narrativa nos presenta tramas en las que los protagonistas comparten emociones y actitudes con nosotros, lectores.  Una historia bien escrita posee, además, una trama subterránea a través de la cual el escritor comunica su postura respecto a realidades psicológicas, sociales o políticas de su interés. Para transmitir esos elementos existe la palabra escrita que llega a través de nuestros ojos, plantea dudas y remueve conciencias.

Desarrollar la inteligencia emocional a través de la lectura es una excelente forma de trabajar por la salud mental.

CARTÓN DE LUY

 


CRÓNICAS DE UN DON NADIE por Luis Toraya

El Mago

13/oct/2026

En la penumbra de mi memoria, donde los recuerdos de Hecelchakán se mezclan con el vapor de los panuchos al atardecer, surge una silueta que desafió las leyes de la lógica infantil.

No era un barbero común; su nombre: don Manuel Caamal, pero para nosotros era simplemente "El Mago".

Escuchar el golpeteo de la puerta a su llegada a la casa era el preludio de un drama en tres actos. No venía por la paga —aunque siempre se le retribuía—, sino por una suerte de apostolado estético y social que solo él comprendía.

Recuerdo la primera vez que me sentaron en aquella silla improvisada en el patio. El brillo de las tijeras bajo el sol me parecía el destello de un arma bélica, y el llanto, ese nudo en la garganta que se desataba sin permiso, era mi única defensa.

Pero entonces, el tiempo se detenía. El Mago no se impacientaba; al contrario, parecía alimentarse de nuestro caos para transformarlo en juego. Sus manos, curtidas pero ágiles, hacían que una moneda de plata brotara de mi propia oreja, justo donde segundos antes sentía el frío del acero.

Si por descuido de la infancia encontraba algún visitante indeseado en mi cabellera, no había juicio ni asco. Con un movimiento de prestidigitador, atrapaba al "enemigo" y, ante mis ojos desorbitados, fingía engullirlo. El pavor se tornaba en una risa nerviosa, pues si él podía comerse a los bichos, yo podía sobrevivir a un trasquilón.

Mientras el peine marcaba el camino del corte, su voz me transportaba a otros mundos.

El Mago no solo recortaba pelo; hilaba leyendas. Devoto de la tauromaquia, en el espacio reducido de nuestro patio abría una plaza de toros invisible donde volaban toreros sobre el albero. Sus historias eran un tejido donde la realidad se deshilachaba. Nunca sabía dónde terminaba lo real y dónde empezaba su imaginación, pero en Hecelchakán esa distinción carecía de importancia; escucharlo era asistir a una corrida de palabras donde él siempre salía por la puerta grande.

Al final, el espejo no solo devolvía un corte impecable, sino a un ser humano curado del miedo. 

Comprendo hoy que la magia no era el truco de la moneda tras la oreja, sino su capacidad infinita para convertir un trámite aterrador en un refugio, demostrándome que un buen relato puede ser tan afilado y preciso como la mejor de las tijeras.

Se marchaba con su maletín, dejando tras de sí un rastro de cabellos en el suelo y una estela de asombro en mis recuerdos.

® 2026. Dr. Luis Mariano Toraya Lara. Todos los derechos reservados.

4 CARTAS A MÍ MISMO por Carlos Sosa

LA SUERTE DE VIVIR

Qué inmensa suerte la de vivir en un mundo donde, a pesar de todo, todavía existen la esperanza y las promesas.

Un mundo donde aún hay corazones que creen en la bondad, en esa bondad silenciosa que no necesita aplausos ni reconocimientos, que no hace ruido, pero que tiene la fuerza suficiente para vencer la mezquindad, la indiferencia y el egoísmo.

Porque, aunque a veces parezca que la oscuridad gana terreno, siempre habrá alguien dispuesto a encender una luz, a tender una mano, a regalar una sonrisa o a recordarnos que todavía queda mucho de bueno en la humanidad.

Y es justamente ahí donde descubro la suerte de vivir.

En saber que estás aquí, que estoy aquí, que coincidimos en este pequeño instante de la eternidad al que llamamos presente.

Porque el ayer ya se fue y el mañana es apenas una promesa. Lo único verdaderamente nuestro es este momento, este latido, esta oportunidad de amar, de perdonar, de comenzar de nuevo y de dejar algo bueno en la vida de alguien más.

No necesitamos cambiar el mundo entero. A veces basta con hacer un poco más hermoso el pequeño mundo de quienes nos rodean.

Así que hagamos que valga la pena. Que nuestra presencia deje más esperanza que tristeza, más abrazos que heridas y más motivos para creer que para rendirse.

Porque al final, quizá la mayor fortuna no sea cuánto tiempo nos conceda la vida, sino cuánto amor, cuánta bondad y cuánta humanidad seamos capaces de sembrar mientras estamos en ella.

Y si hoy estamos aquí, todavía tenemos una oportunidad maravillosa de hacer que todo valga la pena.

Eso, para mí, es simplemente...
La inmensa suerte de vivir...

CHARLA: La neurociencia de las emociones con Marian Rojas Estapé


 

CONFETI DE LETRAS por Eréndira Ramírez


No trates de entender lo que es la vida. Difícil descifrar el entramado de esta sucesión de etapas que inicia al nacer y termina en la muerte. La mejor filosofía para vivir, está en no enredarse la mente, en dejarla fluir y sentirla, en palpar, oler, degustar, ver, dejar que nuestros sentidos nos transmitan la fuerza que emana de nosotros mismos, de nuestro alrededor, esta energía que nos mueve, que mantiene el impulso en cada amanece, y que hay que utilizar sin desperdicio en el mejor proyecto que puede un ser humano tener, que es ser feliz. Y nadie es feliz si no se decide a serlo, si se pone trabas mentales, si se obsesiona con la idea de descubrir la verdad sobre la existencia; porque no hay una verdad única, porque finalmente lo único cierto, es que venimos a esta corta temporada al mundo, y hacemos de este mundo nuestra relidad, respetando la de los demás, siendo empáticos, tolerantes, defendiendo nuestras creencias, manteniendo nuestra voluntad, pero sin egoísmos, en el entendido de que nuestra mejor misión siempre será el trascender en la memoria o el corazón de quienes coinciden en tiempo y geografía, por un lapso de tiempo o de por vida. 

Yo a veces no entiendo esta vida, pero al fin y al cabo no por no entenderla menos la aprecio, así como viene, como me ha tocado vivirla, no puedo sino sentirme afortunada, y en el infortunio he aprendido, que una y otra vez puedo resurgir de la nada. No tengo que enredarme, ni dedicar demasiado tiempo en resolver enigmas, que sabios de todas las épocas no han logrado descifrar. 

Mi esencia es más que carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, soy más allá de un cuerpo, espíritu que vibra, que me inspira, me guía, no tengo ciencia que me conforme, ni filosofía que me convenza, solo sé que mi existencia es don divino, y que existe Dios,con la concepción que cada quien le quiera dar, esa es la respuesta que a mi alma le da paz.

REFLEXIÓN por JCDOVALA

 Soy la mínima escala del espacio y el tiempo 

Soy la mínima escala del espacio y el tiempo. Una existencia diminuta frente a la inmensidad del universo, un instante fugaz en la eternidad de lo desconocido. Antes de mí transcurrieron millones de años y, después de mi partida, el tiempo continuará su marcha indiferente. Sin embargo, en esta aparente insignificancia habita una paradoja extraordinaria: soy tan pequeño que apenas represento un suspiro en la historia del cosmos, pero tan consciente que puedo contemplar su grandeza, interrogar su misterio y sentir, dentro de mi limitada existencia, la profundidad de lo infinito. Quizá nuestra verdadera dimensión no se encuentre en el espacio que ocupamos ni en los años que vivimos, sino en la capacidad de darle sentido a aquello que, por naturaleza, parece no tenerlo.

Y es precisamente en esa fugacidad donde descubro el valor inconmensurable de estar vivo. No necesito permanecer eternamente para haber existido plenamente, ni conquistar la inmensidad para reconocer que formo parte de ella. Soy materia que por un instante adquirió conciencia, tiempo que aprendió a recordar y universo que, a través de mis ojos, logró contemplarse a sí mismo. Algún día todo cuanto soy regresará al silencio del que provino, pero mientras ese momento llega, tengo el privilegio irrepetible de sentir, amar, crear y dejar una huella en otras existencias igualmente breves. Porque tal vez la grandeza de la vida no radique en vencer al tiempo, sino en comprender que, aun siendo infinitamente pequeños, podemos hacer que un instante contenga toda una eternidad.