Muchas veces pedimos algo con tanto fervor, por tanto tiempo y se nos concede. Lo deseamos tanto, fueron tanto las expectativas creadas, tan inalcanzable el sueño parecía, que hecho realidad, ya siendo palpable pierde consistencia.
¿Era eso lo que pedíamos?, empezamos a verle las fallas, o nos queda grande, o es más chico, o quizá no del color exacto, o nos llegó cuando ya no era preciso. Total, que pasamos a otra cosa, y dejamos de lado aquello que fue tan preciado, tan ansiado, porque para cuando llega o bien somos incapaces de estimarlo en toda su magnitud, o ya visto de cerquita no es lo que esperábamos.
Y así nos convertimos en insatisfechos permanentes, viviendo tras un sueño sin apreciar todo lo que la vida nos ha brindado sin siquiera pedirlo, gratuitamente . Tener metas, aspiraciones es el motor de nuestras vidas, tan importante es buscar llegar a ellas, como valorarlas en su justa medida al alcanzarlas, sin perder de vista el camino que nos conduce a conseguirlas. A veces nos olvidamos de admirar a nuestro alrededor ignorando gente, lugares, vivencias que en ocasiones son igual o de más beneficio que lo que nos fijamos como propósito.
Encontrar en cada día, en las flores, en las nubes, la luna, en la música, la poesía, en una sonrisa, en la amistad, en el amor, a los acompañantes perfectos en esta travesía para que el destino no nos decepcione si no fuera el deseado, para darle un valor agregado al objetivo final.
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