De nada vale atormentarse con pensamientos obscuros de lo que no ha pasado, de hurgar en el pasado para dar con aquello que nos ensombrece el presente, sin dar paso a aquellos pensamientos que nos alientan a seguir la vida con fe, con esperanza y que más de una vez hemos probado llegan a ser realidad, Quizá es mecanismo de defensa pensar mal, porque nos ha quedado impresa en la memoria la frase tantas veces dicha de "piensa mal y acertarás", así no nos sentiremos decepcionados, ni nos dolerá tanto lo que ocurra, porque finalmente ya lo teníamos previsto.
¿Por qué no aprender a esperar lo bueno? qué impide que no nos demos la oportunidad de sentir que todo va a ir bien, sin que consideremos una falsa ilusión que así sea?
Desperdiciar un tiempo que pudiera ser el único o una extensión de un momento de alegría, de un suceso venturoso, feliz, en crearnos fantasmas que auguran tan solo desdicha, no es de DIOS.
Malgastar tiempo en rumiar dolores y tristezas pasadas, cuando hay tantas vivencias felices que nos trasladan al pasado para tan solo dejarnos la nostalgia de aquellos bellos momentos, agradecerlos y en ese agradecimiento fortalecer el entusiasmo en que tendremos la oportunidad de acumular muchos más en el camino que nos reste por andar.
¡Si! tengo tiempo de sobra para pensar, pero digo no al desperdicio, no al mal uso de ese tiempo para impedir que mi cerebro, mi corazón, mi espíritu se alimente de chatarra inútil.
Crear espacios de serenidad, de optimismo, de charlas internas que den paz, que enciendan emociones positivas, que me impulsen a vencer mis miedos, que sean dignas de compartir con los demás.
"Pienso, luego existo". Permitan mis pensamientos una existencia guiada por la fe y el amor.
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