Hay amaneceres que no solo anuncian que la noche terminó; nos recuerdan que todavía tenemos tiempo.
El sol aparece lentamente, incendiando el horizonte, mientras un ave lo atraviesa sin llevar equipaje, sin preguntarse cuánto durará el viaje. Simplemente abre sus alas y continúa.
Quizá eso signifique decir “buen día”: no afirmar que todo estará bien, sino reconocer que frente a nosotros vuelve a abrirse una oportunidad.
Cada amanecer es una página que la vida nos entrega en blanco. Lo de ayer ya quedó escrito; lo de mañana todavía no existe. Hoy tenemos la pluma.
Buen día.
Que encuentres tu horizonte, abras las alas y recuerdes que, mientras vuelva a amanecer, siempre habrá una razón para intentarlo una vez más...
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