Siempre amanece
Siempre amanece. Incluso después de esas noches que parecen no terminar, cuando el silencio pesa y el camino se vuelve incierto, el horizonte acaba por encenderse. La oscuridad tiene una forma particular de convencernos de que será eterna, pero nunca lo es. El amanecer no borra lo vivido ni devuelve aquello que perdimos; simplemente nos recuerda que la vida continúa abriendo posibilidades donde creíamos que ya no quedaba ninguna. Tal vez por eso la esperanza no consiste en negar la noche, sino en atravesarla con la certeza de que ninguna sombra tiene el poder de detener para siempre la llegada de la luz.
Siempre amanece, aunque a veces la claridad tarde en llegar también dentro de nosotros. Hay días en los que avanzar significa conquistar grandes sueños y otros en los que basta con levantarse, respirar y volver a intentarlo. Con los años comprendemos que muchas de las noches que alguna vez temimos terminaron enseñándonos a reconocer mejor la luz. Porque vivir también es aprender a despedirse, reconstruirse, esperar y comenzar de nuevo. Y mientras exista un mañana, habrá una oportunidad para hacerlo distinto, para sanar lo pendiente y para volver a creer. Después de todo, quizá una de las certezas más sencillas y profundas de la existencia sea esta: por larga que parezca la noche, siempre amanece.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario