domingo, 11 de octubre de 2026

CONFETI DE LERAS por Eréndira Ramírez

Ser madre no es tarea fácil. Se hace más instintivamente que con conocimiento, por lo menos antes no se recurría a profesionales para el manejo de crianza, de manejo de las emociones. Uno seguía patrones familiares que consideraba apropiados para la corrección de la conducta de los hijos, a veces a través del enojo, evidentemente sin que fuera lo correcto, pero que en ese momento era llevado más por el miedo a no evitar daños mayores.

Las terapias que ahora se consideran para la mayoría indispensables, al grado de sentir que quien no las ha llevado no puede manejar su vida ni sus relaciones interpersonales, sin que les reste valor, creo que a veces solo funciona como mecanismo que crea codependencia y evita que el manejo de las emociones llegue a ser autónomo, Además lleva implícito el criterio de quien la imparte, que no siempre es la más adecuada.

Lo ideal sería, en mi opinión, que a través de ellas las personas fuesen capaces de encontrar las estrategias de manejar su vida, sin estar buscando en quien depositar la responsabilidad de sus problemas existenciales.

Cada día es más frecuente oír de las heridas que los padres y creo que se hace más énfasis en las madres, les causamos y que a veces aun en su adultez les seguimos provocando. Peso con el que cargan y que sin que podamos negar que como madres tenemos a lo largo de la vida muchos errores, el amor, la responsabilidad, la buena fe quede convertida en nada, porque eso no se ensalza, eso era obligación, y solo quedemos como verdugos de nuestros hijos,

Quisiera oír una terapia donde nos reivindiquen a las madres, que humanamente hicimos y hacemos hasta donde podemos, que tuvimos que dejar a un lado dolores propios para curar los de nuestros hijos, que en un enjambre de preocupaciones profesionales, sentimentales, a veces de malestares físicos, tuvimos que seguir la vida de madres, y además no adoptar el papel de mártires. Que también teníamos heridas que no sanaron, de las cuales yo en lo personal no hice mucha conciencia y menos reclamé. Lo he dicho siempre, admiré y agradecí por tener la madre que tuve, así como fue, sin que exigiera fuera perfecta, porque siempre sentí hizo más de lo que creyó ser capaz y menos de lo que hubiera querido.
Que cada quien aprendamos con terapia o sin ella a hacernos cargo de nuestras vidas, a agradecer lo que somos, lo que nos dieron, a no reclamarle a nadie ni a la vida lo que nos falta y a encontrar en nosotros mismos la autovaloración, así como reconocer y perdonar nuestras fallas a través de la autocrítica.

Por lo que a mi toca, me perdono por los errores que como madre haya tenido, siempre fui guiada por el amor y la buena fe, sin que niegue que tanta responsabilidad me causó muchas veces miedo y por ello no haya habido filtro en muchas palabras o acciones .

Creo que la sabiduría de la vejez se me está retrasando, pero espero que mi capacidad de aprender permita ser madre de adultos que cada día tengan menos que reclamar y que no seleccionen del pasado solo aquello con que puede herirlos, sino que recreen todo lo que se vivió en paz, con amor y mucha felicidad .

Que la vida no se nos vaya en reproches, que sea para todos un diario agradecer.

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