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domingo, 8 de diciembre de 2013

COSAS NUESTRAS por Jorge Villegas

Ejemplos
Ya puede usted desgañitarse aconsejando y aún amonestando a los jóvenes.
Intentando inculcarles la cultura de la legalidad, sembrándoles valores morales y cívicos.
La elocuencia y la persuasión radican en los ejemplos que les demos.
¿Los vicios? Está la madre que manda al niño a comprarle cigarrillos, o a encenderlos en la estufa.
El padre que aconseja sobriedad al joven, a las carreras, porque se va al club...a beber.
¿Respeto a las leyes? Pero lo ven sobornar al tránsito y al aduanal, burlar el semáforo.
Ama a tu prójimo, repiten como loros, pero no consideran prójimo al naco, al pordiosero, al diferente.
Hay que ser éticos por convicción. Pero también para educar a quienes limpiarán el estercolero que les heredamos.
jvillega@rocketmail.com

domingo, 10 de marzo de 2013

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza


EL OCASO DE LOS DIOSES
“Si un hombre fuese necesario para sostener el Estado, este Estado no debería existir, y al fin no existiría”. Simón Bolívar.
Parafraseando a Richard Wagner en la última parte de su ópera “El anillo del Nibelungo”, hallé muy útil el término “El ocaso de los dioses” para hablar sobre los acontecimientos que rodean a dos personajes latinoamericanos cuyo imperio –considerado hasta hace  poco  absoluto e incontrovertible—parece haber  sucumbido.
   Por supuesto que me refiero a la exlíder del SNTE, Elba Esther Gordillo, quien al amparo de la complacencia de diversos mandatarios se creció de una forma desorbitada, hasta perder por completo la noción del sitio que le correspondía ocupar dentro del aparato gubernamental.  Llegó a ser considerada como la líder más poderosa de América Latina, al mando del mayor sindicato del continente, y su poder político determinó, a lo largo de cuatro sexenios, buena parte del devenir del gobierno en turno.
   De manera paralela a su  peso político se disparó su poder económico hasta el extravío, para  ir a  alcanzar grados absurdos de desvergüenza.  Al final, me atrevo a aseverar, la “Maestra” estaba convencida de  ser merecedora de cada peso del erario público que desvió a sus cuentas personales.
   Con respecto a este desprendimiento de la realidad que sufren nuestras figuras públicas, particularmente dentro de la política, no resulta ocioso recordar a Felipe Calderón quien durante los últimos años como mandatario de la nación actuaba como si se hablara de tú con Dios y despreciara cualquier recomendación o crítica de cualquiera de nosotros, miserables  mexicanos mortales, comenzando con los miembros de su gabinete, pasando por intelectuales, y  todos aquellas miles de voces de los afectados por  el mal llamado “daño colateral”.
   Y es que tenemos una mala costumbre, dar a nuestros representantes populares un trato de dioses.  Recientemente asistí a un evento  que sería presidido por autoridades de primer orden.  Recetarse toda la parafernalia que se monta de forma sistemática, lleva a cualquiera, luego de cinco o seis años de vivirlo de manera continua, a sentirse dios.  Cada detalle de la organización, una veintena de camarógrafos siguiendo el evento paso a paso; los funcionarios menores cubriendo la mínima eventualidad, hasta en qué sentido sopla el viento.  Hasta  finalmente  recibir a las autoridades entre vítores y alabanzas.  Si repetimos estos tratamientos una y otra vez a través del tiempo, con toda seguridad que aquellas figuras públicas terminan sintiéndose el mismo Odín.
   Algo parecido sucedió con la segunda figura latinoamericana que abordo hoy: Hugo Chávez, “quien para la clase intelectual venezolana, -transcribo las palabras de mi amigo Douglas Umbría, médico pediatra de aquel país-  fue un hombre que logró entrar en la emoción de los excluidos, aquellos que sentían la necesidad de ser acogidos, de manera que ha dejado huérfana a toda una generación de venezolanos que vieron en su movimiento bolivariano al dirigente que necesitaban para salir de la pobreza y la marginación”.
   Ello explica de manera sobrada las imágenes que ha transmitido la televisión mundial, miles de hombres y mujeres en duelo desgarrador,  llorando como criaturas, de la  forma como sólo se llora a un padre.
   La cuestión a dilucidar es si el chavismo ha de continuar tras la partida física de Hugo Chávez.  Aunque claro, queda al mando, Nicolás Maduro, y más delante él o Diosdado Cabello, quienes parecen haber entendido cómo debe continuarse el juego rumbo a la perpetuación de un régimen que ha funcionado para quienes detentan el poder.   Bien señala Jorge Fernández Menéndez, Chávez primero, y ahora Maduro, hacen una mezcla de nacionalismo y religión, y apelan a la  continuidad histórica de Simón Bolívar, para  conseguir un pueblo sometido que, por otra parte, genere para ellos el disfrute del poder, en el más amplio sentido de la palabra.
   Chávez, tanto por su capacidad de someter a las masas mediante beneficios que fueran percibidos como favores personalísimos suyos, como por un sistema represivo que mantuviera el orden a cualquier costo, llegó a ser visto por las clases menos favorecidas como una suerte de papá-dios todopoderoso, frente al cual había qué rendirse para gozar de sus favores.  Un papá-dios que hoy se llora con el alma  vuelta jirones.
   Tan imprescindible creyó ser, o hizo creer a su pueblo que era, que ahora será convertido en cuerpo incorrupto que compartirá un sagrado  sitial de honor al lado de Simón Bolívar, para  perpetuar el mito hasta el fin de los tiempos.
   Ante estas dos visiones nosotros los mexicanos estamos en obligación de revisar nuestra participación  en la generación de estas mojigangas políticas que tanto daño hacen al desarrollo de los pueblos. Queda claro que surgieron porque nosotros lo permitimos, en medio de nuestro lamento perpetuo y la inacción civil, el mejor caldo de cultivo. 

domingo, 2 de septiembre de 2012

COSAS NUESTRAS por Jorge Villegas

El reto
Sigue de moda el llanto plañidero por nuestra patria.
Los muchos pobres, la violencia, la impunidad, la corrupción.
Lo lamentamos como si fueran plagas llegadas del espacio exterior.
Como si tuviéramos que soportarlas junto con el mal gobierno.
En septiembre recordamos a mexicanos que no se resignaron.
Que lucharon contra los mayores imperios de su tiempo.
Hidalgo, Morelos, Juárez, no se amilanaron ante el colosal tamaño de las plagas de su tiempo.
En el mes de la patria, aceptemos el reto de luchar por salvar lo nuestro.

domingo, 5 de febrero de 2012

COLABORACIÓN ESPECIAL POR TONATIUH MORENO PARA LA REVISTA “NUESTRA APARENTE RENDICIÓN“


Estoy sorprendido. Cuando me decidí a interpelar a Felipe Calderón en el anuncio de Ciudad Creativa Digital el pasado lunes, en Guadalajara, no sabía lo que iba a desencadenar. Sabía, sí, que me arriesgaba a ser detenido por el Estado Mayor. También sabía que mi acto no le iba a agradar a la mayoría de mis “colegas” empresarios del mundo de los medios digitales y que iba a perder ciertas posibilidades de negocios.
Me llamo Tonatiuh Moreno. Soy estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura del  ITESO. Desde hace seis años dirijo un pequeño estudio de animación llamado Haini. Hago caricatura profesionalmente desde 1988 y doy clases de animación en el CAAV. Dirigí cortometraje apoyado por IMCINE (con dinero de los ciudadanos mexicanos) que se ha seleccionado en festivales internacionales. Mi estudio está desarrollando un largometraje en busca de financiamiento. No soy un agitador “movido” por ningún partido político, ni un “hippie mugroso”, como me dijeron queriendo insultarme sin lograr ofenderme.
   No fui a esa asamblea con un plan o una estrategia. Fui con una pregunta: ¿Cuándo se acaba la guerra? Y realmente quería que Calderón me la contestara, aunque tenía pocas esperanzas de que realmente lo hiciera. Y así sucedió: no contestó mi pregunta. Se limitó a repetir su discurso de “nosotros los buenos contra ellos los malos”. Como si disentir de su proceder automáticamente me colocara en el bando de los malos. Como si sólo hubiera dos lados en esta cuestión.
   Es muy difícil tener un verdadero diálogo cuando uno de los lados tiene todos los micrófonos, cámaras y guaruras de su lado y está a más de veinte metros de distancia de su interlocutor. Por eso Calderón me acusó de “vociferar”. Claro que grité. ¿De qué otra manera me podría hacer oír? Calderón también usó la falacia del hombre de paja, poniendo palabras en mi boca. Nunca dije  que el gobierno debería quedarse de brazos cruzados ante la delincuencia. Sólo formulé una pregunta.
   Me parece que iniciar un conflicto tan sangriento como el que se ha desatado implica grandes responsabilidades. Una de ellas es la de informar a los involucrados –en este caso, los ciudadanos-, cuáles indicios debemos ver como señal del final del conflicto. Si se tratara de la lucha contra un ejército invasor, sabríamos que la guerra se acabará cuando el enemigo se retire de nuestro territorio. En el caso de la lucha contra el crimen organizado ¿de veras se espera que los narcos salgan con las manos en alto y digan “nos rendimos”? Mientras los suministros de dinero y armas siguen fluyendo libremente desde los Estados Unidos. El número de arrestos y muertes no son, a mi parecer, indicadores convincentes. Que se saquen cientos de cucarachas de una casa no significa que la casa se esté limpiando, si el criadero sigue adentro.
   Y, ese, me parece el asunto central: la estructura social, económica, cultural y política de nuestro país no sólo permite sino que estimula el crecimiento de la corrupción y la delincuencia. Se trata de un sistema intrínsecamente injusto, un juego cuyo reglamento favorece a los que más tienen, premia a los que más transan, ve como héroes a quienes más abusan y como idiotas a quienes tratan de ser honestos.
   El proyecto de Ciudad Creativa Digital está inscrito dentro de este mismo sistema. Si nos hemos de guiar por otros proyectos donde están involucrados los mismos actores, como el de Batallón 52, se tratará de un intento, no de apoyar la creatividad y el desarrollo de quienes emprenden proyectos interesantes, sino de concentrar el poder y acaparar el capital. Una iniciativa donde el control lo tendrán unos pocos, donde se obtienen recursos sin contar ni con guiones ni con propuestas originales (eso es secundario, parece que lo importante es contar con maquinotas). La estructura económica y política de este país se materializa en ecosistemas propicios para que prosperen proyectos como el de Dreamsky (“Escuadrón 2011″), dirigido por Mario Alberto Ochoa, que logró obtener recursos de organismos de gobierno para producir animación (una serie y una película) para los Juegos Panamericanos, y dejó el proyecto inconcluso y a más de cien trabajadores sin pago y desempleados, incluyendo a gente de mi propio estudio, Haini, y a EsComic, de León Guanajuato.
   Calderón me dijo que debía agradecer que en “su gobierno” gozo de libertad de expresión. Debo señalar dos cosas: la libertad de expresión es un derecho humano y una garantía individual protegida constitucionalmente, no una concesión del gobierno. Y si en la actualidad gozamos de mayor libertad de expresión, no es por una decisión individual del presidente en turno, sino un logro de la lucha continua de miles de mexicanos, como los periodistas valientes, que la ejercen y defienden, a veces con su propia sangre. El Presidente Calderón se adjudica logros que no le corresponden. Es demasiado pedir cualidades como la humildad de un gobernante en estos días.
   ¿Saben cómo Calderón podría haber desarmado mi pregunta? Siendo humilde, honesto y, admitiendo que empezó una guerra que no sabía cómo terminar. Pidiendo ayuda y consejo a intelectuales, politólogos e instituciones para que su arrogancia no cause más dolor.
   No me sorprendió recibir insultos, muchos de muy baja categoría: se burlan del color de mi piel, de que no uso traje y hasta de lo autóctono de mi nombre. A los que lo han hecho así, debo decirles que de las tres cosas me siento orgulloso, y que las representaciones que manejan, relacionando esas características con pobreza e incultura, tienen un origen que debe ser atacado. ¿De  verdad me están diciendo que están contentos con un México clasista y racista?
   ¿Qué es lo que me sorprendió tanto, después de haber interrumpido el discurso de Calderón? Lo enorme de las muestras de apoyo, que agradezco a todos. Sabía que al hablar, no hablaba sólo por mí mismo, pero no sabía que mi voz iba a resultar la voz de tantas y de tantos. Confirmo a través de las innumerables muestras de apoyo de que mi voz en esa asamblea no era mi voz sola, sino la voz de miles, quizá millones de mexicanos que ya estamos hartos de que las cosas sigan igual.
   Muchas y muchos mexicanos estamos hartos del lenguaje de las balas y la sangre, y preferimos el de las palabras, aunque a veces tengan que gritarse. ¿Qué logré? Quizá materializar la voz de muchos que queremos que las cosas cambien. No sabía si el incidente terminaría con el silencio y mi detención o habría otras repercusiones. Creo que por lo menos logré reavivar un debate crucial; y comprender, constatar, nuevamente, que somos muchos los que no estamos conformes y que podemos alzar la voz. El mundo ha cambiado y podemos cambiarlo.
   Iniciativas como la del Túmin o espacios como Nuestra Aparente Rendición, dan esperanza. Y cada vez hay más indicios. Cada vez somos más los que creemos que otro mundo es posible.
   Tomado de http://www.sinembargo.mx