CÓDIGO MORAL DE EXCELENCIA
En
esta vida la mayoría de las cosas son cíclicas: Caduca un estilo, que regresa
treinta años después como novedad. Se ponen de moda formas de actuar y de
vestir, canciones, películas y modos de vida. A la luz de la neuroplasticidad
se concluye que es de mayor provecho escribir a mano sobre el papel y comienzan
a abandonarse los recursos tecnológicos. Hoy sabemos que es preferible leer
libros impresos, pues además de la interacción con el propio libro, la
comprensión lectora y la retención son mayores cuando leemos en papel. Países
de primerísimo mundo comienzan a limitar en gran medida la utilización de pantallas
dentro de las aulas y en todo occidente tendemos a recuperar el gusto por los
discos de vinilo tan demonizados hace algunos años.
Por
otra parte, surgen fenómenos a los que nos hemos ido habituando. Uno de ellos,
no poco preocupante, es el acostumbramiento o normalización de determinadas
conductas que, a fuerza de su repetición, nos van pareciendo habituales,
inconscientemente asumiendo que son aceptables y hasta correctas. La pequeña
mentira, el robo hormiga, la traición que llevamos a cabo hasta hacerla pasar como
una gracia. Vamos perdiendo el sentido de decencia que en otros tiempos
implicaba honorabilidad.
Viene
a mi mente aquel político que afirmó robar, pero “robar poquito”. Y como este
hay muchos ejemplos de personajes de la vida pública, que actúan como si el
cargo les concediera licencia para actuar fuera de lo correcto. Y nosotros,
quienes nos hallamos ajenos a ese ámbito, nos conformamos diciendo que es
normal que actúen así. La justificación argumentando que son distracciones las
que les llevan a hacerlo, o que se trata de “peccata minuta” tomando en cuenta
la carga de trabajo que manejan, en un plano de verdad absoluta, son juicios
inválidos. Nos corresponde ser rectos y transparentes en nuestra actuación
frente a otros, porque así debe de ser y nada más.
Recuerdo
mucho esas palabras de Facundo Cabral: “No estás deprimido, estás distraído”.
Me parece que igualmente se aplica al caso que ahora estamos abordando: El
origen de la palabra “pecado” proviene del hebreo, significa “error” o “falla”.
Muchas de las conductas que he venido señalando en este espacio obedecen, más
que a una intención malévola de actuar fuera de lo normado, a una simple
distracción. A no darle importancia al hecho de omitir señalar frente a los
hijos una conducta errónea, o a minimizar sus efectos argumentando aquello de
“qué tanto es tantito”. Pero ese conjunto de pequeños actos cotidianos son los
que se inscriben en ese código moral que habrá de regir la vida de nuestros
hijos.
Atendiendo
a la teoría de las ventanas rotas, si comenzamos a sanear nuestra sociedad
desde ahora, a recoger esos desechos que a la larga vuelven tóxico el ambiente,
con toda seguridad estaremos plantando valores de gran importancia en tierra
fértil, libre de abrojos espinosos que impidan una buena siembra.
El
hombre sabio posee la costumbre de revisarse cada noche, antes de entregarse al
sueño reparador. Lo hace para evaluar su marcha del día, repasar los problemas
que hubo de enfrentar, y trazar la ruta para el día de mañana. Con una mirada
limpia, una mente clara y un espíritu dispuesto, consigue detectar esos
pequeños errores que más valdría corregir, en particular con el afán de
proporcionar a los hijos la mejor enseñanza: la del ejemplo cotidiano que, sin
mayores palabras, proporciona a los niños y jóvenes un modelo a seguir.
Afortunado el que así obra, aun si nadie se percata de ello. Su camino llegará
a ser uno que muchos sigan después de él.
Vuelvo
⸺para cerrar⸺ a Facundo Cabral, quien nos habla de la vida que nos puebla y nos
rodea con millones de propuestas. El cantautor y poeta argentino fue un
adelantado a su época, pues falleció en el 2011, cuando las redes sociales
tenían poco tiempo de haber surgido. Él no alcanzó a medir el impacto que estas
iban a alcanzar en nuestra vida, pero supo a qué nos enfrentaríamos, y logró
prevenirnos con oportunidad de los efectos deletéreos de la distracción, máxime
la que genera nuestro constante contacto con las pantallas.
Procurar
el virtuosismo y tratar de apegarnos a la verdad, el bien y la justicia, no es
de ninguna manera algo fuera de moda. Todo lo contrario, como esas costumbres
cíclicas, que dan la vuelta en el tiempo y regresan con gran fuerza, son
características que deberíamos pugnar por mantener y mejorar cada día. De este
modo el ambiente sería mejor para todos y cada uno de nosotros, y
conseguiríamos integrar un modelo de sociedad de excelencia.
