domingo, 3 de noviembre de 2013

COSAS NUESTRAS por Jorge Villegas

Incongruentes
Es casi imposible cambiar a México sin cambiar antes a los mexicanos.
Clamamos por democracia, pero no la aceptamos en la familia, la iglesia, nuestras organizaciones civiles.
Transparencia es la exigencia en los dineros públicos.  Pero difícilmente hay familia que sepa el sueldo del padre.
Nos emociona la equidad de género en la vida pública.
Pero en casa la esposa y las hijas siguen sirviendo a los varones.
En la banca, en la empresa, los cargos directivos son del club de Tobi.
Demandamos de otros lo que nosotros no practicamos en nuestra vida cotidiana.
jvillega@rocketmail.com

NUESTRA TRADICIÓN DE MUERTOS por Carlos Bravo Matus*

Estamos en una de las épocas bellas y románticas del año, empapada de tradiciones y filosofía que ha perdurado a través de los siglos y sobrevivido a la conquista española, aunque las creencias y tradiciones de nuestras culturas indígenas mesoamericanas, se mezclaron hasta fusionarse con la evangelización cristiana, que aprovecha para introducir la doctrina sin alejar de golpe las creencias arraigadas de los pueblos precolombinos, aunque al final dichas tradiciones se hacen parte de la cultura después de la conquista.
Dicha tradición tiene inicio hoy, con la espera de las primeras almas al altar puesto en casa, llegando después las ánimas de los niños y posteriormente la de los adultos y los miembros de la familia que han partido.
La tradición se basa en la partida de las almas hacia el Mictlán o lugar de los muertos, para lo cual tendrán que ir pasando por los nueve niveles antes de llegar al final del inframundo para descansar finalmente o temporal si es que el alma luego remontara hacia el cielo de los dioses. Durante esos nueve niveles, el alma del muerto se enfrentaría a diversas pruebas u obstáculos que tendría que sortear como ser reconocido por un perro Xoloitzcuintle, cruzar unos cerros que abrían y cerraban, otro cubierto de filosos pedernales, otro que era un lugar desolado de hielo y piedra, el quinto que era una zona desértica de ocho páramos con vientos helados; el siguiente donde se enfrentaba a las flechas disparadas por manos invisibles, el séptimo habitado por fieras salvajes que podrían comerle el corazón. El siguiente lleno de niebla gris que podría dejar sin visibilidad al alma, pudiendo caer a alguno de los nueve profundos ríos conocidos como Chicunahuápan y tras lograr bajar dichos niveles, llegar finalmente al Mictlán, habitado por Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, señores de los muertos, donde los muertos liberaban su alma o tonalli para alcanzar el descanso. Esta creencia da lugar al novenario actual y a los nueve niveles del altar de la conmemoración de los días de muertos, coronado por el crucifijo, las fotos de nuestros muertos y en descenso las velas encendidas para dar luz a las almas y guiarlas hacia el altar, las ofrendas consistentes en pan de muerto, chocolate, café, agua y sal, la bebida y licor, dulces para los niños y diversos platillos en especial los que gustaban a nuestros difuntos. Adornado con mantelería de papel picado, y flores de muerto, especialmente el cempazuchitl y el moco de guajolote. Viandas que se ofrecerán a los visitantes de nuestro altar y que degustará la familia pasado el medio día del dos de noviembre.
No todas las almas tenían que pasar por los nueve niveles, entre ellos las mujeres muertas durante el parto, los guerreros muertos en batalla y los que morían ahogados; las primeras llegaban a la casa de Tonatiuh, pero en las noches se aparecían en los caminos buscando a sus hijos que no conocieron, naciendo la leyenda de La Llorona. Los segundos también pasaban directamente a la casa Tonatiuh para después reencarnar en forma de colibrí, mientras que los ahogados iban a la casa de Tláloc.
Si bien el trayecto hacia el Mictlán duraba cuatro años para nuestras culturas precolombinas, tras la evangelización se llevó a nueve días para poder dejar partir el alma hacia el descanso eterno.
Tras pasar reposando al lado de Mictlantecuhtli por un tiempo, las almas podían remontar los trece cielos, siendo cada uno un nivel hasta llegar al treceavo cielo donde habitan los dioses de la dualidad creadores del universo, pasando en sentido vertical bajo el influjo de los puntos cardinales representados por Tezcatlipoca (Norte), Tláloc (Este), Quetzalcóatl (Oeste) y Huitzilopochtli (sur), siendo el punto de unión Xiuhtecuhtli al centro, para juntar el cielo con la tierra y relacionando al hombre con los cuatro elementos y con el cosmos.
Cada nivel representa un mes lunar, que sumados dan trescientos sesenta y cuatro días, dejando el siguiente día para celebrar el fuego nuevo. De esta tradición nace la celebración del cabo de año en donde se vuelve a recordar al difunto con rezos y viandas que se ofrecen a los visitantes.
Con algunas variantes esta tradición ha vivido de la mitad del país hacia el sur, incluidos algunos países de Centro América, aunque la modernidad, la actual  forma de los sepelios y velatorios han dejando atrás la celebración, sobreviviendo en lugares del estado de México como Xochimilco y Mixqui, Michoacán, especialmente en Pátzcuaro, en Guerrero, Oaxaca, sur de Tamaulipas, algunas zonas de Puebla, Hidalgo y Yucatán siendo muy importante en Veracruz y Tabasco.
Así que si no lo ha puesto, ponga su altar en algún lugar de su casa, adórnelo con las velas, calaveritas de dulce, agua y sal, café y chocolate y los platillos que degustaban sus difuntos más cercanos, espérelos con afecto reviviendo su memoria y después déjelos ir para que regresen el año entrante, pero sobretodo enseñe a sus hijos y nietos la tradición para que esta viva por siempre.

*Carlos Bravo Matus es médico pediatra subespecializado en Cirugía y Ginecología, además de columnista veracruzano.


IGOR PRESNYAKOV: Versión modernista del Canon de Pachelbel en guitarra.

SEÑORA MUERTE: Redondillas de Joaquín Cadena*


¿Y por qué señora muerte
Se me acerca sigilosa?
Si usted no quiere otra cosa 
Que tener la triste suerte
De meterme en una fosa.

Muy malo señora muerte
Al hacerlo usted olvida
Que al hacerme a mi una herida
De inmediato pierde a un cliente
Que importaba más con vida

Y ya le voy a contar
Despacito y sin medida
Que su inquieto retozar
La va a dejar sin rutina
Con qué poderse alegrar

Le voy a decir por qué;
Recuerde, el año pasado
que con gusto relaté
como usted se había empacado
A casi cien Ciberpeds

También le diré mujer
Que nunca me cayó mal
Que sí bien fue menester
Por siempre disimular
Ahora tengo que aceptar 
que siempre me cayó bien

Le podría recomendar
Que se llevara a otras gentes
Que todos queremos mal
Pero no sería decente
Querérselos endilgar
Sin expresarle de frente
La friega que va a llevar

Sé lo que lleva pensado
Y el porqué de su alegría
Pero pare usted su carro 
Porque no me refería 
A quinientos diputados

Ni a todos los senadores
Ni a políticos frecuentes
Secretarios y asesores
Y tampoco al Presidente
Menos a gobernadores

Por favor señora muerte
A toda esa jarcia ingrata
Maquinadora y demente
Antes de colgar sus patas
Reflexione inteligente
Que sí a toda nuestra patria
La tienen como indigente
El infierno que es más pobre
Se les quedará en un diente

Por eso señora muerte
Mejor no se los empaque
Y en lugar de esos dementes
Le voy a rogar que saque
Lo que nos mata inclemente

La inercia se va primero
Y lo gandalla después
"Vale madres" va tercero
Y el cuarto muy malo es
Pues respeto no tenemos,
Jamás como debe ser,
Que mexicanos nacemos

Llévese nuestra flojera
La pusilanimidad
No la deje continuar
Profundizando la huella
Que un día nos rematará

La falta de madurez 
Y también el malinchismo,
Sólo deje al patriotismo 
Impregnar este jaez
Y llévese al pesimismo

Y si sorprende a un traidor 
No se lo quiera llevar
Mejor llévelo a pasear
Por la patria tricolor
Porque sí muerto no está
Se rebosará de amor

Señora muerte que tiene
Todo un día de mi país 
Reconozca que en un tris
Nos quitaría de las sienes
Esta corona tan ruin 

Señora muerte le entrego
Este día mi petición 
Que no por ser en canción 
Deja de ser un gran ruego
Mate a nuestra maldición
Que nos consume en el fuego

1 de noviembre del 2013
*Joaquín Cadena Bustamante: Médico pediatra, integrante del grupo Ciberpeds

VIDEO: Irina Akimova, malabarista con aros.

Gracias, Arcelia, por compartir.

Decálogo del DALAI LAMA


1- Dejemos ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un cubo para echar su basura, procura que no sea en tu mente.

2- Paguemos las cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle.

3- Cumplamos las promesas. Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a renegociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio.

4- Eliminemos en lo posible y deleguemos aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas.

5- Démonos permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad.

6- Tira, recoge y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas.

7- Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos.

8- Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria.

9- Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar.

10-Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo.

Gracias, Elsa Angélica, por compartir.

domingo, 27 de octubre de 2013

CONTRALUZ por María del Carmen Maqueo Garza

LO QUE NO SE VALE
La Globalización ha ido borrando los límites geográficos y culturales a lo largo y ancho del mundo.  Hoy en día es perfectamente normal que en Botswana  alguien vista ropa con el logo de alguna marca norteamericana, o que en el Cáucaso se venda café colombiano.
   Muchos hemos vivido la transición entre los límites rígidos de mediados del siglo pasado, a la virtual disolución de fronteras propia de la actualidad.  Las parejas que conocíamos como “interraciales”, y que eran verdadero motivo de escándalo, hoy pasan desapercibidas. Baste recordar la célebre  cinta de 1967 protagonizada por Sidney Poitier y Katharine Houghton, sobre una pareja integrada por un hombre negro y una mujer blanca que intentan formalizar su compromiso, ante el horror de los padres de ella, interpretados magistralmente por Spencer Tracy y Katharine Hepburn.    
   De igual modo, anteriormente la religión era una sola y para toda la vida. A partir del movimiento “New Age”  podemos encontrar un católico que practica el budismo y a su vez venera a Shiva, y nos parece “muy buena onda”.   Del mismo modo hace cincuenta años la figura del delincuente estaba perfectamente diferenciada de las de autoridad, y podíamos asegurar sin temor a equivocarnos que unos y otros eran inconfundibles en su aspecto y en su quehacer.  Había plena confianza en las fuerzas del orden para salvaguardar la seguridad ciudadana, algo que por desgracia se ha ido perdiendo cada vez más. 
   Suponemos que estos límites tan rígidos de alguna manera también se llegaban a traspasar, aunque ello ocurría en total sigilo, de manera que la mayoría no alcanzábamos a percatarnos.  Con toda seguridad algunos políticos hacían de las suyas estando en el poder, pero de igual manera, eran asuntos manejados con tal discreción, que era poco probable que trascendieran a la luz pública.
   Hoy en día, y muy en particular en nuestro país, esa desaparición de límites está generando problemas que nos afectan a todos.   Las dos grandes lacras dentro de la política, la corrupción y la impunidad, están convirtiendo en verdaderos ladrones a muchos individuos que ocupan cargos públicos, y lo más grave es que nosotros como sociedad lo más que alcanzamos a hacer es a quejarnos, pero no pasa de ahí.
   Vivimos dentro de un sistema que a ratos parece reconocer  con más  determinación los derechos de los criminales que los de los civiles afectados por ellos. Digamos, en el caso de los plantones y los bloqueos magisteriales, la autoridad a la que se paga por  evitarlo simplemente no lo hace, en una actitud cómplice terrible.  Y cuando, ante la indiferencia de la autoridad, los civiles pretenden asumir aquellas funciones que no se están cumpliendo (como es el caso de los maestros en Oaxaca o la resistencia civil en Michoacán), es la misma autoridad formal  la que trata de desarticular y sancionar su funcionamiento.
    Llevamos trabajo del sitio laboral a casa, a la vez que traemos problemas de casa al lugar de trabajo, afectando nuestro desempeño en uno y otro sitio.  El hombre puede estar en casa cocinando la cena, mientras la mujer lleva el carro al taller; todos esos arquetipos rígidos afortunadamente se han ido rompiendo, y ya son muy pocas las funciones que se llevan a cabo en función del género.  Todo ello da una imagen más abierta y sana a los hijos, quienes captan que el valor intrínseco de un ser humano es como persona, y no propiamente como hombre o como mujer.   Por desgracia aún existen culturas donde las cosas distan mucho de tener un cambio.  De acuerdo a ciertas religiones  la mujer se considera una  propiedad más del varón, como cualquiera otra, y él tiene todo derecho sobre ella.
   En lo que los estudiosos denominan el “posmodernismo”, hombres y mujeres han tenido necesidad de redefinir sus propios roles sociales, tanto dentro del hogar como fuera de él.   Esto permite una ampliación en diversos aspectos, pero también representa nuevos riesgos potenciales; por una parte el varón tiene más libertad de expresarse sin cortapisas frente a la mujer, en tanto ella tiene la posibilidad de ser más propositiva en su relación frente a  su contraparte masculina.
   Lo que no se vale es actuar de manera  de excederse en  el emprendimiento de nuevos roles.   Como dijera algún psicólogo respecto al papel de la mujer. “no se trata de competir con el hombre para derrocarlo”.   La lucha de poder entre géneros no va a conducir a nada bueno, cuando hay tantas formas complementarias de actuar que sí permiten el crecimiento de ambos, ya sea en la relación de pareja, en la escuela o en el ámbito laboral.
   Una nueva lección para este milenio: La armoniosa convivencia en un mundo que nos concede la libertad de definirnos por nosotros mismos.