A medida que vamos adentrándonos en edad, nos vamos haciendo o más ligeros o más pesados de acuerdo a como hayamos concebido nuestro paso por este mundo, paso que idealmente debe conducirnos a ese estado llamado felicidad, o lo más cercano a él.
Como no es posible predecir que tan intrincados sean los caminos por recorrer, vale la pena viajar ligero y hacerse de un equipaje donde se haya elegido lo que se considere realmente necesario. Las condiciones cambian sin que exista un meteorológico que nos lo advierta, ni siquiera aproximadamente, pero para eso hemos tenido que aprender en el curso de nuestra existencia como no sucumbir ante la primera tormenta, como reaccionar en situaciones de alarma, y a sabernos vulnerables y expuestos a un sinnúmero de circunstancias ajenas a nuestro deseo y mantener la voluntad y el coraje para seguir a pesar de las calamidades, a luchar contra nuestras debilidades, a enfrentarnos a nuestros miedos y si no vencerlos del todo, saber controlarlos e impedir que nos paralicen, que nos impidan seguir adelante.
Hay que usar un buen filtro que impida que permeen a nuestra vida la gente y sentimientos negativos, hasta donde nos sea posible, de la selección de estos depende en gran medida nuestra estabilidad, Equilibrio mente, cuerpo y alma, congruencias entre el pensar y el hacer, fortalecimiento de los valores esenciales para una armonía en las relaciones humanas.
Fe, en Dios, fe en la vida, fe en la humanidad, esa fe que debe ser reciclable, renovarse cuantas veces se sienta que nos abandona. Y por cuestiones de tiempo, vamos siendo testigos de un mundo pasado, actores de un presente, formadores de un futuro para muchos que vienen detrás de nosotros, demos testimonio con actitudes, seamos forjadores de esperanza, dejemos los cimientos para que se construya un mejor mañana y no los depredadores inconscientes que solo dejan a su paso desperdicio y contaminación.
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