LA MOCHILA DEL NIÑO REY
Me
siento frente al teclado a cumplir con la columna semanal en este día de
octubre, cuando estamos a punto de celebrar la fiesta de San Francisco de Asís,
considerado por la iglesia católica como el misionero de la esperanza. Hoy que
para el resto del mundo se conmemora el natalicio de Mahatma Gandhi, promotor
mundial de la resistencia pacífica, y hoy que para los mexicanos se recuerda
una fecha por demás dolorosa: la matanza de estudiantes ocurrida en la plaza de
Tlatelolco, de la actual Ciudad de México.
Lo
anterior contrasta con dos eventos ocurridos en la semana que recién termina:
El primero sucede en el aire, a bordo de una aeronave que volaba de Dubái a Tel
Aviv, en cuya cabina el copiloto intenta liquidar al piloto y tomar el mando
para secuestrar a los 174 pasajeros, en su mayoría israelíes. La acción fue
abortada gracias a la valentía del piloto, que herido logró implementar
acciones para poner a salvo a los pasajeros. Gracias a la valiente intervención
de varios viajeros que lograron someter al atacante. Y gracias a la pericia
profesional de un dentista que consiguió mantener con vida al piloto hasta el
aterrizaje. Además de la participación conjunta de dos pilotos que volaban como
pasajeros, y que no dudaron en coordinarse y tomar el mando de la nave.
Frente
a este caso crítico que, por fortuna, terminó con bien, en nuestro querido
estado de Coahuila, específicamente en el municipio de Torreón, ocurrió un
ataque en contra de docentes y alumnos de una secundaria. Perpetrado por dos
exalumnos de la institución, hermanos entre ellos, admiradores en redes
sociales de personajes siniestros, cuya conducta quisieron emular. Ingresaron
armados a la escuela, sembraron terror, y atacaron, con un saldo de cuatro
personas heridas y una directiva fallecida. Mucho se viene hablando de los
hechos cruentos, de modo que no redundaré más.
Trato
de ordenar en mi mente lo ocurrido en estos últimos días, en particular en el
caso Torreón. Busco un telón de fondo, entonces me asomo al corazón de sus gestores.
¿Qué hay en su interior? ¿Cuál es la razón tan poderosa por la cual un ser
humano es capaz de atentar contra sus semejantes de forma tan brutal?
En
el caso de la aeronave el mecanismo puede resultar más claro, o históricamente
entendible. Hay diferencias en cuanto a religión, las que justifican para un
creyente matar y morir por su dios, a grado tal que lo hace sin titubear,
incluso seguro de cuál será su recompensa en la otra vida.
El
caso de los jóvenes de 18 años que ingresan a un plantel donde estudiaron la
secundaria (sin concluir) y arremeten contra personas que se encuentran en su
interior, presenta algunas dificultades para un análisis objetivo. En
principio, son hechos que acaban de suceder, y los detalles de lo ocurrido aún
no se conocen del todo. Además de que son situaciones en las cuales, de alguna
manera, todos nos sentimos involucrados, ya como mexicanos, como adultos o como
padres de familia. Lo terrible de la escena que tenemos frente a nuestros ojos
nos hace cuestionarnos si las cosas pudieron haber ocurrido de otra manera, y
nos preguntamos si en nuestro entorno inmediato hay condiciones capaces de provocar
hechos similares.
A
partir del incremento en los índices de inseguridad en nuestro país, lo que
ocurre en las calles nos lleva a buscar blindar de riesgo a nuestros menores de
edad. Tal vez no les permitamos, como se hacía en otros tiempos, salir a la
banqueta, o a la plaza, o a la cancha deportiva, y preferimos mantenerlos entre
las cuatro paredes del hogar “protegidos”. Frente a la televisión, o, lo más
común, con un dispositivo electrónico en las manos. Queremos imaginarnos que de
esa manera ya no corren peligro.
Ahora
habría que preguntarnos: ¿Con qué materiales digitales están en contacto? ¿Con
qué creadores de contenido se identifican? ¿Están planteándose metas realistas para
su vida? La labor como padres consiste, además de proveer a los hijos de techo,
comida y vestido, en coadyuvar a su desarrollo en aspectos fundamentales, como
son el mental, el espiritual y el emocional. Acompañar a los hijos en la
resolución de conflictos, desde los más básicos hasta los más complejos. Verificar
qué dificultades están teniendo en la escuela y procurarles el apoyo necesario
para resolverlas.
Está
prevaleciendo el concepto de ”niño rey” descrito inicialmente en los años noventa.
En este modelo los hijos fijan la pauta y los padres asumen un papel pasivo frente
a ellos, como el avestruz, escondiendo la cabeza ante cualquier dificultad,
para no tener que enfrentarlos.
¿Tenemos
en casa hijos adultos jóvenes, con demasiado tiempo libre? ¿Tal vez con dinero
propio? ¿Con mucha exposición a redes? Más vale comenzar a revisar qué llevan
cargando en su mochila.
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